¿Cuáles son los intereses del lobby del sexo?

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Por Editorial junio 29, 2017  más artículos
Co-Autores externos: Aliza Díaz e Ismael López Fauste

 

La revolución sexual que planteaba el feminismo de las décadas de los 60 y 70 ha llegado a introducir grandes cambios en las sociedades occidentales. Principalmente, las feministas demandaban el sufragio femenino, el empleo en igualdad, el derecho al divorcio, el derecho al aborto, así como otros muchos. El hecho de que algunos de los derechos demandados por las mujeres hayan pasado a considerarse como derechos humanos es significativo, no solo de la fuerza que tuvieron en su momento aquellos grupos, sino de lo atrasadas que se encontraban aquellas sociedades de mediados de siglo.

En 1961, gracias a la aprobación de las píldoras anticonceptivas, la mujer asumió el control sobre su cuerpo y su fertilidad: por primera vez pudo decidir sobre la maternidad. Con ello, la sexualidad se separó de la función reproductiva y esto realzó el placer y erotismo del sexo en sí. En esa época, muchos jóvenes experimentaron la sexualidad libre, a la par de las drogas en franca rebelión hacia los valores conservadores de sus padres. Este desborde en la expresión sexual se produjo como consecuencia de liberar años y siglos de dura represión.

La liberación sexual supuso la reivindicación plena del cuerpo humano, de su desnudez y de la sexualidad como parte de la condición humana y social que cuestiona el papel tradicional de la mujer y, por tanto, del hombre y de la institución por excelencia, el matrimonio. Esto ha permitido la aceptación general de las relaciones sexuales prematrimoniales, el reconocimiento y normalidad de la homosexualidad y otras formas de sexualidad

De la misma forma, la regularidad de las parejas de hecho, el retraso en la edad de matrimonio, la aparición de hijos fuera del matrimonio, uniones civiles, matrimonio de personas del mismo sexo, así como la opción de nuevos tipos de familias (familias monoparentales y homoparentales), o la legalización, en numerosos países, de plazos para la práctica del aborto a petición libre de la mujer, provocó la separación de prácticas de la sexualidad a la reproducción.

No obstante, el porno, sin duda beneficiándose de estos avances, al igual que la prostitución, no pueden definirse como liberadores sexuales y empoderadores hacia la mujer. Este tipo de acciones nacen con el objetivo de seguir controlando el cuerpo femenino a través de prácticas hechas a medida por el eje patriarcal que somete y perpetúa las relaciones de poder a través de ideas postmodernistas y que algunos movimientos liberales venden como transgresores donde la mujer sigue siendo objeto de sometimiento.

Sin ir más lejos, Ana de Miguel, en Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección, uno de los libros de referencia para el feminismo radical actual, expone: "la igualdad no existe, lo que hay son nuevas formas de reproducción y aceptación de la desigualdad". Lo cual nos devuelve al ámbito del lavado de cara en favor de una industria manejada por hombres. Esta libertad sexual busca legitimar una serie de prácticas y tendencias esencialmente patriarcales mientras el lobby del sexo se vale de estos argumentos para tachar al feminismo radical de “conservador” o de ir en contra de la revolución sexual.

 

Pero, ¿qué significa ser feminista radical?

Las radicales identificaron como centros de la dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se consideraban "privadas". A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad. Lo sintetizaron en un slogan: lo personal es político.

 

Como explica Celia Amorós: “Radical significa tomar las cosas por la raíz y, por lo tanto, irían a la raíz misma de la opresión”.

Disfrutar de una sexualidad libre no significa ponerla en manos del patriarcado, significa vivir una sexualidad emancipada de cualquier tipo de opresión de control sobre nuestros cuerpos, fuera del capitalismo, la propiedad privada, el estado y el poder patriarcal. Se trata de reconocer la sexualidad como parte de nuestro ser, de manera natural e igualitaria, donde no existan relaciones de poder y sometimiento, cosa que no se produce en el porno.

Es decir, que el feminismo radical no se opone a revolución y libertad sexual alguna, sino que reniega de la mercantilización de la sexualidad y el cuerpo femeninos.

Por lo tanto, si la industria pornográfica antepone el placer sexual masculino al de la mujer como forma de privilegio y, además, muestra actos que podrían considerarse como violentos, ¿cómo va a ser el porno feminista?

Es inevitable que hablemos de feministas representativas dentro del feminismo radical, como Andrea Dworkin, que luchó contra la pornografía, la pedofilia, la violencia contra la mujer y la conducta sexual del hombre como referente de la desigualdad imperante, ahondando en la utilización del sexo por el hombre como vehículo del poder patriarcalElla decía sobre el porno: “La pornografía es un tema fundamental porque la pornografía afirma que a las mujeres les gusta que las maltraten, que las fuercen y que abusen de ellas; la pornografía afirma que a las mujeres les gusta que las violen, que les peguen, que las secuestren, que las mutilen; la pornografía dice que a las mujeres les gusta ser humilladas, avergonzadas, calumniadas; la pornografía enseña que las mujeres dicen NO, pero quieren decir SÍ – Sí a la violencia, Sí al dolor”.

Curiosamente, Clara Serra, consejera estatal de Podemos, se valía de estos argumentos para defender la pornografía cuando le dieron un espacio a varios actores porno en la Universidad Complutense de Madrid: “la fantasía de la violación y del sexo con violencia es un deseo femenino”.

Para Dworking, la aceptación de la pornografía significa el declive de la ética feminista y el abandono de la política feminista; la aceptación de la pornografía significa que las feministas abandonan a las mujeres.

La pornografía perpetúa el estatus de objeto y mercancía de las mujeres y, a través de ello, perpetúa la degradación de su inteligencia y creatividad y perpetúa la violencia hacia las mujeres.

La abogada norteamericana Catharine A. MacKinnon es otra importante feminista radical. Vivió amenazada durante 12 años y fue tiroteada en la calle por combatir públicamente la pornografía. Y es que, solo en Estados Unidos, la pornografía mueve cada año el equivalente a 120 millones de euros.

Decía Mackinnon: "La pornografía es una subordinación gráfica sexual explícita de la mujer a través de fotos o palabras incluyendo uno o más de los puntos siguientes: a) las mujeres son presentadas deshumanizadas como objetos sexuales, cosas o instrumentos; b) las mujeres son presentadas como objetos sexuales que disfrutan de la humillación o del dolor; c) las mujeres son presentadas como objetos sexuales que experimentan placer sexual en la violación, el incesto y otras agresiones sexuales... ".

 

Sin embargo, ¿no contradice todo el movimiento del “nuevo” porno las ideas expuestas anteriormente?

Según muestran los hechos expuestos en Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España, en absoluto. El porno sigue siendo un lugar de violencia, envidias femeninas, mercantilización de cuerpos y patriarcado. De hecho, revela un lobby de empresas y personajes cuyo interés es ensalzar un negocio que pierde mercado ante una población cada vez más incrédula y que se sirve de referentes que conecten con ese público objetivo al que pretenden alcanzar.

Lo que aprendemos a través de “Escúpelo” es que existen hechos que se diluyen en la palabrería adoptada por el lobby, como los pagos en negro, las enfermedades de transmisión sexual o el maltrato.

La existencia de una voz que desde dentro de la industria, denuncia las irregularidades -no solo sexistas, también políticas y económicas- de un gigante como el del porno, y la voz del feminismo radical crítico, obliga en ocasiones a la industria a salir a la palestra o buscar otras medidas que pueden analizarse como los recursos que una empresa usa frente a una crisis corporativa.

Como otros negocios, el porno también se ha subido al carro de la lucha contra el racismo o en favor de los colectivos LGTB para mejorar su imagen corporativa, pero porque hay un mercado para ello. Es otra estrategia de purplewashing (lavado de cara en inglés): las mujeres cobran más porque son el producto que se oferta en el caso de la pornografía heterosexual. En el caso de la pornografía lesbiana para heterosexuales, es igualmente un producto, no una representación de una preferencia sexual. Y lo de las etnias, vendido como tal, suena más a una maniobra racista que a algo integrador, especialmente con productoras especializadas en “interracial” con Blacked o DogFart que destacan lo delicado de sus actrices adolescentes y lo brutal y viril de sus performers a los que representan como sementales.

Este párrafo proviene de una entrevista en “Escúpelo”:

"-¿Qué haces aquí?
-Pues empecé por morbo... de verdad. Empecé con 18 años. No es que me gustara, pero me imaginaba cómo tenía que ser y tenía fantasías cuando me iba a dormir. Un día mandé un correo... en plan de coña, no pensaba que me fueran a contestar, pero tardaron menos de una semana. Me presente ahí...
-¿Dónde? ¿Era una productora?
-Sí, Pura Locura. Pensé que nadie se iba enterar, que esto iba a ser una cosa mía y que iba a quedarse ahí para siempre, pero nada más salir se enteró todo el mundo, todo-el-mundo. Pero bueno, fue la escena más visitada de la web y se fue un poco de madre.
-¿No pensaste en dejarlo después?
-Sí, pero me comieron mucho la cabeza para que siguiera. Me ofrecieron muchísimas cosas, entonces.... yo también estaba pasándolo mal porque todo el mundo lo sabía. Pensé: "ya me han visto todos desnuda, ahora me da igual" y seguí. Como funcionó tan bien la primera escena, seguí".

El feminismo y el porno, con sus intereses económicos y su explotación, no son compatibles mientras arrastre consecuencias para las mujeres. Básicamente, en los colectivos más propicios a ser carne de la cultura de la violación, a través de la prostitución, la trata o la pornografía, al fin y al cabo, los negocios más rentables de la brutal industria del sexo. 

 

 

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Foto de portada: we heart it