Madre solo hay una y tú eres maravillosa

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Por Irene Pardo mayo 7, 2017  más artículos

 

 
Toda gran aventura empieza con un pequeño sueño y nuestra gran aventura comenzó con una suma de sueños e ilusiones.
 
Comenzó ese día que se convirtió en increíble, ese día en el que que, finalmente, todos tus esfuerzos darían por fin su fruto, que esa maravillosa ilusión tuya por traer al mundo una pequeña parte de ti se iba a conseguir, ese increíble momento en el que supiste que, a partir de ese instante, la mayor parte de tu vida giraría en torno a algo mucho más pequeño pero que, en poco tiempo, llenaría un gran hueco de tu corazón.
 
Te adentraste en un mundo del que no tenías gran idea, un mundo que en un principio puede aterrorizar. Te adentraste sin saber a ciencia cierta lo que te deparaba, sin saber que ese algo tan pequeño se acabaría convirtiendo en cuestión de un pequeño instante en el amor de tu vida y que, sin darte cuenta, crearíais un lazo inquebrantable.
 
Tu espera fue dura pero, al mismo tiempo, maravillosa. Son momentos de espera en el que tu propia biología de mujer te ayuda a que ese momento sea más deseado… y por fin llega, estás lista, preparada para dar todo por ese amor que vas a conocer, por dar si hace falta hasta tu propia vida, por quitarte a ti para dárselo a ella.
 
Mamá, desde ese mismo instante en el que nos vimos por primera vez en persona, me cogiste la mano y no me la has vuelto a soltar, desde ese instante se creó un vínculo que fue reforzado con los años. Fue entonces cuando supiste que ese amor era el más puro y verdadero. Tenías delante de ti una pequeña parte tuya que ocupaba el mayor de los lugares en tu vida y corazón. Fue el momento en el que trajiste al mundo una nueva luchadora.
 
Ese fue el inicio de una gran aventura para nosotras, un gran camino por el cual me supiste guiar, me ayudaste a dar mis primeros pasos en una vida que no iba a ser nada fácil, por un camino con obstáculos constantes a superar, pasos que me ayudabas a dar pero siempre sin decaer y con tu mano agarrando la mía con fuerza y dulzura. Desde entonces, me enseñaste lo que era la vida, que el hecho de caer varias veces no significaba una derrota, sino una oportunidad más para intentarlo. Durante todo ese camino recorrido hasta ahora, no hubo momento en el que me soltaras la mano.
 
Me enseñaste el valor de las caídas para luego enseñarme cómo levantarme más fuerte y poder curarme las heridas. Dejabas que cayera por mi propio pie, mientras tu mano seguía mi caída para luego mostrarme la mejor manera de seguir adelante con el mismo orgullo de siempre.
 
Ese fue uno de tus mayores retos hasta que yo decidí unirme a ti en las caídas. Desde entonces, hemos caído con la misma fuerza pero nos hemos levantado con la misma energía. Ha sido un largo camino que con tu ayuda poco a poco he ido superando, un camino que solo tú y yo sabemos lo diferente que es al resto, pero que gracias a tu increíble paciencia y cariño, estoy consiguiendo crearlo por mí misma.
 
El simple hecho de saber que tengo una mano ayudándome siempre, dispuesta a todo, una mano que cada vez agarro con más fuerza, y que, cuando llegue el momento seré yo quien la sujete, seré yo quien la guíe, seré yo quien la cuide, esa primera mano por la que yo daría mi vida y por supuesto dos manos que poco a poco se van fusionando con más fuerza.
 
Conforme iban pasando los años, me he ido dando cuenta que pertenezco a una increíble generación de luchadoras incansables, de mujeres que transmiten ese poder de lucha de generación en generación y me siento muy orgullosa de ello. Mujeres que desde un principio han sabido luchar con uñas y dientes por todo en lo que creían y sobre todo por su familia. Caídas y obstáculos constantes que no pudieron con ellas, supieron levantarse y seguir ese camino a pesar de las heridas, momentos superados gracias a su increíble carácter que tanto las caracteriza, un carácter heredado y que ellas me han ayudado a mejorarlo, son mis luchadoras, mis guerreras, mis increíbles heroínas.
 
Me estás dando tanto desde ese primer momento nuestro que te puedo asegurar que no tengo vida suficiente para poder agradecértelo, ni siquiera las palabras son suficientes para englobar el increíble agradecimiento que te tengo, porque has llegado a ser el pilar más importante que sostiene mi existencia, porque me has enseñado los mayores valores de mi vida, porque me siento orgullosa de ti, porque me siento orgullosa de mis heroínas.
 
 
Y por todo ello... ¡FELIZ DÍA DE LA MADRE, MAMÁ!
 
 
 
Y recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compartir este post debes!
 
Foto de portada: flickr.com / Thomas Hawk