A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado

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Por Q marzo 30, 2017  más artículos

 

Charles Lutwidge Dodgson, conocido literariamente con el seudónimo de Lewis Carroll, es el autor de la gran creación literaria que lleva por título A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado. Pero esta obra tiene su origen en años anteriores, en la obra del mismo autor titulada Alicia en el País de las Maravillas. Por tanto, para llegar a interpretar adecuadamente la segunda parte, es inevitable citar esta primera, de la que ya comentamos en el artículo titulado "El maravilloso mundo de Alicia", su importancia e inicio de la gran obra.

Curiosamente, la génesis de la obra A través del espejo guarda un sorprendente paralelismo con la primera parte de las aventuras de Alicia. Resulta difícil negarse a ver un cierto paralelismo entre el progresivo alejamiento físico de Alicia Liddell respecto de Carroll en la vida real y una cierta y también progresiva pérdida de vitalidad y de color en la heroína de los cuentos infantiles del autor.

Al pasar de Las aventuras en el País de las Maravillas (1865) a su viaje A Través del Espejo (1871), Alicia cambia la voracidad por la locuacidad, y a la intensidad emotiva de sus vivencias y aventuras le suceden conversaciones más razonables. En el mundo del sueño, los animales pierden protagonismo y la sociedad cobra un mayor grado de presencia que la naturaleza. Al mismo tiempo, parece como si el progresivo alejamiento físico de Alicia Liddell dejara espacio libre a una mayor afluencia de juegos lingüísticos y lógicos y a la entrada de temas más universales

Es por ello que esta segunda obra es superior a la primera en la utilización de la técnica narrativa y el dominio de las formas expresivas. Los juegos de palabras, las parodias ocultas y las paradojas ligüísticas son llevados hasta sus últimas posibilidades, de manera tal que la fórmula literaria del absurdo llega al agotamiento con este último viaje de Alicia. Cuento pensado para los niños, pero leído -y citado hasta el cansancio- por los adultos.


Por aquel entonces, Carroll conocía a otra niña llamada Alice Raikes. Se encontraba esta segunda Alicia jugando en el jardín de su casa cuando Carroll la llamó desde el interior. Estaba en un salón lleno de elegantes muebles con un gran espejo al fondo. Carroll situó a la niña delante del espejo y dándole una naranja le dijo:

-Primero quiero que me digas en qué mano tienes la naranja.-
-En la derecha- contestó Alicia.
-Ahora,-dijo Carroll- fíjate en el espejo y dime en qué mano tiene la naranja la niña que ves en él.
-En la izquierda -dijo Alicia.
-¿Y cómo se explica eso? -le preguntó Carroll.

La niña se quedó dudando, pero al fin dijo: -Si yo estuviera al otro lado del espejo, ¿no es cierto que la naranja seguiría estando en mi mano derecha?

-¡Bravo, mi pequeña Alicia!-exclamó Carroll- ¡Es la mejor respuesta que he recibido hasta el momento!

La anécdota, contada años más tarde por la propia Alice Raikes, ilustra perfectamente el método de trabajo de Carroll. Partía siempre de una anécdota, de una situación en la que se encontraba rodeado, generalmente, de sus pequeñas amigas. Un comentario -como el de Alice Liddell- o la respuesta a una de sus preguntas -como en el caso de Alice Raikes- eran suficientes para disparar su imaginación hacia una obra de creación. Cuando Alicia observa lo que haría si se encontrara al «otro lado del espejo», Carroll convierte la hipótesis de la niña, en realidad: traslada a «su» Alicia a través de él, iniciando así una nueva serie de aventuras.

Ha de entenderse este segundo libro de Alicia como continuación del primero. Si, en el primero, Alicia toma contacto con el mundo de los adultos, en el segundo ingresa definitivamente en él. Al «atravesar el espejo», Alicia está atravesando (aunque solo fuera en sueños) el umbral de su propia niñez. El mundo que le espera «al otro lado» es, a la vez, igual y radicalmente distinto al suyo propio.

 

Alicia contempla el mundo de los adultos no como la «realidad» (tal como lo contemplamos nosotros) sino justamente lo contrario, como una inversión de la realidad. Para entender esta «inversión» es preciso echar mano de dos palabras absolutamente definitorias en el idioma inglés. Se trata del “common sense” y de su opuesto, el “nonsense”. La sociedad victoriana estaba basada en unas normas de conducta que nacían del sentido pragmático del pueblo inglés, de su “common sense”. Pero estas normas, vistas a través de los ojos inocentes de una niña, aparecen desprovistas de su sentido común y, resultan ser totalmente convencionales y arbitrarias. Del “common sense” hemos pasado al “nonsense”.

Lo mismo que veíamos en la primera parte con la sociedad convencional propia de la era victoriana representada por naipes, en esta parte la narración tiene como contexto espacial un gran tablero de ajedrez, donde a Alicia le ha tocado ser un peón, pero que con el esfuerzo necesario llegará a ser Reina. Esto no siempre ocurre en la sociedad, pero Carroll representa a “su niña Alicia” de forma idealizada.

Podemos citar algunos de los ideales de esta nueva era victoriana con el fin de relacionarlos con la obra de Carroll. Entre ellos está el ideal de progreso: progreso científico (Darwin), progreso tecnológico (ferrocarril, industria textil del norte de Inglaterra) progreso económico, social,.. así como un cierto espíritu didáctico (la filosofía de Carlyle) y moralista (la novelística de Dickens). Se está produciendo en Inglaterra una revolución social que hace que millares de personas, hasta entonces analfabetas, accedan a la cultura de la letra impresa. El escritor se sentía “educador” de estas masas proletarias y de clase media.

También el espíritu de descubrimiento y aventura. En ese contexto hay que entender los libros de Lewis Carroll. También Alicia emprende un apasionante viaje a un país ignoto, y Lewis Carroll se cuida muy mucho de informar a los lectores de todas y cada una de las características de la fauna y la flora de su desconocido, y recién descubierto, país. 

Quizás la característica esencial de la era victoriana sea su sentido práctico, su búsqueda de la realización personal y colectiva, que perfectamente vemos representado en la figura de Alicia que cuestiona los absurdos comportamientos de los personajes con los que se encuentra.

Carroll es, sin duda, el apóstol del juego, del divertimiento y del descanso. La voz de Carroll es de las primeras que se alzan en Europa en contra del trabajo alienante. «Solamente cuando el trabajo es una experiencia creadora, es decir, solo cuando el trabajo se convierte en juego, es admisible el trabajo», decía Carroll. Y la mejor prueba de sus teorías está en sus propias obras. Sus mejores obras no son los pesados tomos de matemática y de lógica, sino aquellos libros que escribía como juego.

¿Qué es Alicia sino un juego? Un juego de naipes en la primera parte y un juego de ajedrez en la segunda. Pero, por encima de todo, Alicia es un juego de palabras, una gigantesca broma que Carroll le juega a la lengua inglesa. Esto provoca, en no pocas ocasiones, que al leer la traducción al español no veamos el revoloteo retórico de Carroll y no disfrutemos al máximo de sus geniales juegos de palabras, por lo que una grandísima idea sería leer este libro acompañándolo de la versión en inglés y haciendo anotaciones en los márgenes (las glosas fueron inventadas por un motivo y es el de poder volver con la memoria del carboncillo de un lápiz a la idea que materializó en días pasados), pudiendo así saborear ambos idiomas en extremo alarde de su retórica.

«Una lengua -nos dice Kathleen Blake- no es más que un juego social, con unas reglas arbitrarias que se establecen por convenio social». Pues bien, lo que Carroll hizo fue alterar estas reglas, cambiar el sentido convencional de las palabras y darles un nuevo sentido, para que todo el mundo pudiera reírse de este «nuevo juego» que había inventado Carroll; para que los ingleses, en definitiva, se rieran de sí mismos.

Se trata de ir más allá del sentido literal de las palabras y descubrir todo el mundo que Alicia encierra en su País de las Maravillas y, más aún, en A través del espejo. Se trata de ir en busca de todos esos significados ocultos que hacen entender la obra en su conjunto y, sobre todo y más importante, en su contexto. Pues sin contexto, inevitablemente, no hay texto, y sin lector, tampoco habría autor ni obra. Y de ahí el nacimiento del precioso y tan conocido "Proceso de comunicación" que todos hemos estudiado alguna vez y que si no, no vendría mal consultarlo y aprender de ese poder de las palabras, de la interpretación de las mismas y del dominio del lenguaje hasta el punto de no ser víctimas del mismo.

Todo lo que existe es interpretación. Nadie tendrá la verdad absoluta, sino una opinión a su favor y conveniencia. Se puede tener el discurso fuerte pero no la verdad. Esta idea también la podemos percibir en el propio título de la segunda parte de Alicia: “Alicia a través del espejo”. Alicia proviene del griego “αλεθη” que significa "la verdad","la realidad", y como ya hemos comentado con anterioridad, Carroll muestra una inversión de la realidad, es decir, de nuestro propio mundo. Hemos dicho que el mundo del espejo, por una parte es contradictorio y absurdo, pero por la otra, es paralelo y se identifica con el nuestro, pues en él hay una lógica coherente: aquella que una niña de siete años y medio le da.

Una realidad que jamás será verdadera, y que solo podremos observar tras un espejo (opiniones – relatividad). Hasta en un pasaje del libro, un personaje del tren considera que la niña debería llevar una etiqueta que pusiera “cuidado, frágil” cuando le sugirieron que viajara como equipaje. Vemos cómo hay una clara connotación donde Carroll quiere enseñarnos a ver la realidad, la verdad como algo que puede ser corrompido en cualquier momento (por medio del poder).

Alicia a través del espejo deleita con sus curiosas inversiones, llevando a la Reina con su lógica a vendarse el dedo y chillar de dolor antes de lastimarse con un alfiler. También incluye, como las obras de gran contenido filosófico, las preguntas claves de toda la Historia de la Filosofía, que el autor pone en la boca de la Reina Roja cuando se encuentra por primera vez con Alicia (capítulo 2): ¿De dónde vienes? y ¿adónde vas? Otra situación filosófica parecida la apreciamos cuando los gemelos Tweedledum y Tweedledee pretenden confundir a la niña: “si fuese así, podía ser, y si así fuera, sería; pero como no es, no es. Eso es lógico”.

 

Alicia a través del espejo es la culminación de la armonía de lo disparatado en su máxima expresión. Fábula como verdadera realidad. Las palabras adquieren un rango mágico, son anécdota pura liberada del autor. Nada es lo que parece, pero todo está exactamente donde debe estar. Sabiduría en estado de fábula natural. Libertad para mirar el futuro de forma menos tecnológica, más juguetona, carnal. 

En definitiva, libertad para vivir y crear nuestro mundo individual donde las cosas son lo que nos parecen y donde podemos ir volando a todas partes sin miedo a caernos de cabeza... Siempre es bueno y hermoso soñar con que tenemos los pies en el cielo, aunque debamos tenerlos en tierra firme.

Por ello, brindamos por la extraordinaria imaginación de la niña Alicia. Y como dice Carroll en las últimas líneas de A través del Espejo: "¿Qué es la vida, sino un sueño?"

 

Por último, desde QFem, aunque aquí hayamos hablado del libro de Lewis Carroll, te aconsejamos fervientemente que veas las películas de Disney y de Tim Burton (muy diferentes a los textos de Carroll) y leas la obra si realmente quieres sentir la magia del Maravilloso Mundo de Alicia. En otro artículo que publicaremos próximamente, nos centraremos en el increíble mundo de Alicia recreado por la mente única de Tim Burton. ¡No te lo pierdas!

 

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Foto de portada: pinterest