Yo fui una de las inconscientes que no votó en Andalucía

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Por Q abril 25, 2019  más artículos

 

Sí, y no sé si sentir miedo de reconocerlo una vez más o alivio. El pasado 2D decidí quedarme en casa, pero no solo eso. La noche del sábado previo a las votaciones, publiqué un artículo (que borré días después) en el que reafirmaba mi decisión de no ir a votar, a pesar de haber seguido de cerca la campaña electoral y haberme decantado claramente por Teresa Rodríguez. ¿Qué pasó entonces por mi cabeza en esas últimas horas de reflexión? Imagino que lo mismo que por la de muchas otras personas indecisas, aburridas, frustradas y decepcionadas con el sistema, una inmensa apatía por ver que "no hay nada nuevo bajo el sol". 

También me animó el ver un vídeo de García Trevijano que me dio una hostia de realidad en un momento vulnerable, cansada de ver cómo se pasan el juego unos y otros, mientras el pueblo, nosotros y nosotras no parecemos pintar nada. Así que, con este popurrí de ideas, escribí un texto reivindicativo en el que me negaba a ir a votar y tan pancha que me quedé, aún sabiendo la importancia de ejercer el derecho de votar, aún sabiendo la lucha que había supuesto en el pasado por parte de las mujeres formar parte de ese derecho. No soy idiota, conozco la historia, y por ese motivo, también me abstuve, como les ocurrió a muchos y muchas otras. No por desconocimiento, sino por desencanto político. No hay más.

Los días posteriores, después de saber que había ganado la derecha (que no Vox), los ataques por parte de muchísima gente en redes (no a mí, sino de forma generalizada a quien decidió no ir a votar) fue considerable. La culpa de que la ultraderecha se hubiera colado en el parlamento andaluz parecía ser solo nuestra. Sigo pensando que esa culpa debe recaer más bien en los 400.000 descerebrados/as que los votaron, pues igualmente hubieran entrado, votando o no votando los que nos abstuvimos. Eso sí, si todas las personas que no votamos hubiéramos concentrado nuestro voto en la izquierda, en Unidas Podemos y en PSOE, probablemente, los pactos hubieran sido otros. Sinceramente, no quiero pensar en eso ahora. Susana Díaz era ya una baza demasiado manida que debía salir del poder andaluz. Que la alternativa haya sido PP y Ciudadanos, no me emociona, pero tampoco será el fin, pues Vox, por mucho que quiera meter mierda e intente imponerse, poco puede hacer en sus ganas de retroceder 40 años

Ahora bien. La cosa cambia si hablamos de un país entero que se puede ir a la mierda si volvemos a poner en la palestra a un partido corrupto como el PP acompañado de un partido volátil que hoy dice blanco y mañana negro, como Ciudadanos, y una mosca cojonera como Vox. Que este úlitmo va a entrar en el Parlamento, ya deberíamos tenerlo asumido, pues mucho ignorante se ha visto en sus filas reconfortantemente arropado e identificado con ideales que probablemente ni entienden la repercusión negativa que pueden llegar a tener (ni les importa pues no miran más allá de sus dos dedos de frente).

Ahora bien. Si todas las personas inconscientes (me incluyo) que nos hicimos los progres el 2D evitando ejercer nuestro derecho al voto, vamos en masa (al estilo 8M) a darlo todo en las urnas, a escribir una nueva historia, joder, confío en poder dar un vuelco importante a las encuestas y hacernos notar. 

Para ello, después de mucho divagar, después de leer los programas electorales y después de ver a los candidatos (todos hombres, una importante pega, pero bueno, todo se andará y llegaremos a ver una presidenta mujer, estoy segura) en los debates televisivos, creo que la apuesta más segura para dar un giro de 180º es Unidas Podemos. Lo que ha hecho el PSOE de Pedro Sánchez en estos diez meses, desde mi humilde punto de vista, es mucho más de lo que ha hecho el PP en toda su legislatura (que con robar ya tenía bastante), por lo que un gobierno con Sánchez a la cabeza no me parecería una mala opción, pero seguiríamos más o menos en el mismo punto. Por eso, apuesto por darle la vuelta a los resultados y que quien encabece el gobierno, con el apoyo de Sánchez en un segundo puesto, sea Pablo Iglesias, el coletas, o como quieran llamarlo la gente que no ve más allá que el discurso manido que han oído de más y entendido de menos menos.

Mi opinión no contará absolutamente nada, pues no soy nadie en esta gran red de redes, pero quiero confiar que igual que tuvo su repercusión (muy negativa) mi artículo sobre no ir a votar en Andalucía, quien me lea ahora, entienda dos cosas: que las personas cometemos errores y que apostar por el cambio está únicamente en nuestras manos. Total, tenemos cuatro años para mandarlos al carajo si es necesario, pero al menos salimos de una vez por todas del sistema bipartidista manido con el que llevamos ya 40 años sin demasiado avance y con mayor estancamiento. 

Ah, y a ver si dejamos de fijarnos en el chalet de Pablo Iglesias y nos fijamos más en los casos de corrupción probados de los partidos mayoritarios, de las leyes que nos ahogan y de los discursos de odio que solo buscan romper esa patria a la que dicen amar tanto. Apostemos por el diálogo, por la concordia, por votar de corazón, con razón, con convicción y dar una oportunidad a las alterrnativas con sentido común. No creo que sea tan complicado. A ver cómo nos va... ¡Nos vemos en las urnas el domingo!

 

 

 

He comenzado este artículo con la intención de hacer una comparativa entre programas electorales de los diferentes partidos políticos, incluyendo fuentes (tengo muchas guardadas de toda la campaña), pero al final, como suele pasarme, me he ido por las ramas y he aportado mi reflexión como si la estuviera comentando con alguien muy cercano. Esta es mi aportación, esta es mi opinión. Y este es un ejercicio que debe hacer cada una y uno de nosotros por involucrarnos y saber lo que votamos. Y a quien no le guste lo que opino o cómo lo hago, está en el mismo derecho que yo de haberla expresado como bien me ha parecido. No hay más... ¡¡Y el #28A a votar!!

 

Foto de portada: Instagram @vota_por_favor