Cuentos de Navidad en femenino

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Por Q diciembre 8, 2018  más artículos

 

Tres cuentos de Navidad para los y las más peques en los que las protagonistas son mujeres. 

¡Porque la tradición se puede modificar para incluir una hermosa realidad!

 

 

El mejor regalo de las Hadas de la Navidad

Hace muchísimo tiempo, en un lugar muy lejano, habitaban unas hadas de muchos colores. Tenían en sus espaldas unas grandes alas que les ayudaban a volar por el cielo y las estrellas. Eran tan felices que no existía un lugar para la tristeza. Reían y jugaban todo el tiempo. Danzaban y soñaban con que todos los lugares del Universo fuesen tan afortunados como lo eran donde ellas habitaban. Sin embargo, un día, una de ellas descubrió algo que las entristeció mucho. En un lugar conocido con el nombre de la Tierra, los niños y las niñas no siempre eran felices. Un hada, que tenía unas brillantes y hermosas alas de color violeta, habló con sus compañeras, y les explicó lo que allí sucedía. Los niños y las niñas no eran del todo felices porque cuando llegaba una época del año no todos y todas recibían los regalos que preparaban los duendes de Papá Noel y los pajes de los Reyes Magos.

¿Cómo puede ser? ¡Si son muchos trabajadores! Deberían poder llevar todos esos regalos sin problema una de ellas se llevaba las manos a la cabeza.

Pues, no es así, compañera. Muchos niños y niñas se quedan sin recibir nada porque no les da tiempo.

Las hadas se pusieron muy nerviosas y buscaron la manera de arreglar el asunto y conseguir regalos para todos y todas.

Pasaron días y noches confeccionándolos ellas mismas, pero después de varios días, estaban muy cansadas porque veían que no serían suficientes regalos.

Ahora entiendo por qué hay tanta tristeza. No es posible llegar a todos y todas.

Quizá, porque nos estamos empeñando en hacer juguetes que se rompen con mucha facilidad. Podríamos probar con regalarles algo que no se rompa nunca y que siempre los haga felices.

La hada violeta sabía bien qué debía hacer y se puso manos a la obra. Habló con Papá Noel y con los Reyes Magos y les explicó lo que ocurría. Ella y sus amigas también querían formar parte de la Navidad y hacer disfrutar a los niños y las niñas de la Tierra.

Pero, vosotras, ¿qué podéis hacer para ayudarnos? les preguntó uno de los duendes de Papá Noel.

Nosotras podemos regalar Amor e Ilusión. Son tan buenos regalos que nunca se rompen y siempre estarán en sus corazones.

¡Es muy buena idea! Los juguetes terminan rompiéndose y no les prestan atención. Muchos terminan siendo innecesarios.

Ya, pero a los niños y a las niñas les encantan.

Bueno, pues si quieren juguetes, sus papás y sus mamás se los podrán llevar con la ayuda mágica de los Reyes y con el veloz trineo de Papá Noel, pero nuestro regalo se lo daremos nosotras mismas —la hada Violeta hablaba convencida.

¿Cómo lo haremos? ¿Cómo conseguiremos llevar todo el Amor y la Ilusión que necesitan para ser siempre felices?

La noche de Navidad atravesaremos el firmamento. Nuestras alas nos transportarán. Viajaremos alrededor de todo el mundo y la Esperanza será nuestra aliada. Ella siempre está acompañada de la Felicidad y juntas nos ayudarán a conseguirlo. Cuando los niños y las niñas duerman, entraremos en sus habitaciones y les colmaremos de nuestros dos regalos más puros. Cuando despierten, los sentirán en sus corazones y ya no importará si reciben más regalos o menos, pues tendrán el mayor regalo de todos, unas increíbles alas violetas en sus espaldas. Entonces, entenderán que tener más juguetes no nos hace ser más felices y sabrán que fueron las hadas quienes les dieron unas alas invisibles para los adultos con las que poder volar por el cielo junto a ellas.

Pero, y ¿si esos niños y niñas tampoco pueden ver sus alas? —preguntaba un hada muy preocupada.

Sí las verán porque esas alas de color violeta estarán siempre con ellos y ellas, aunque a simple vista no se vean.

Y, ¿para que les servirán?

Para saber que pueden conseguir todo lo que sueñen poniendo ganas, Amor e Ilusión. Entonces, serán siempre felices y nunca olvidarán el regalo que les hicieron las hadas de la Navidad.



El deseo de las Hadas de la Navidad

Violeta era un hada muy diferente a las demás. Ella no vivía tan feliz como sus compañeras, a pesar de tener unas grandes y hermosas alas que la ayudaban a volar muy alto. Con ellas, podía llegar donde deseaba, excepto a un lugar.

—¿Por qué estás triste, Violeta?

—Quiero poder formar parte de la Navidad. Los duendes de Papá Noel son muy felices llevando regalos a los niños y a las niñas, y nosotras, en cambio, estamos aquí sin hacer nada.

—Sí hacemos. Soñamos y bailamos, reímos y jugamos. Hacemos un montón de cosas.

—Sí, pero yo quiero hacer todo eso con los niños y las niñas que hay en la Tierra y que están deseando recibir los regalos de Papá Noel y de los Reyes Magos. No es justo. Ellos se divierten mucho dando todos esos regalos mientras que nosotras no formamos parte de la Navidad.

—Violeta lleva razón. ¿Qué podemos hacer? ¡Quizá necesiten ayuda!

—Podemos preguntarles.

Así, un grupo de hadas muy decididas y valientes fueron a hablar con Papá Noel. Este las recibió muy feliz porque toda la ayuda del mundo era necesaria para llevar toda la Felicidad a los niños y las niñas. Los Reyes Magos, que se enteraron del deseo de las hadas de formar parte de la Navidad, les ofrecieron ir con ellos en su viaje por la Tierra en la noche mágica del 5 de enero. Todas aceptaron ir a ayudar los dos días, pues en Nochebuena ayudarían a Papá Noel y sus duendes.

Pero, ellas no solo querían ayudar. Ellas querían ser protagonistas y ser conocidas por todos los niños y niñas. Tanto lo desearon que su deseo se hizo realidad y los papás y las mamás del mundo se enteraron de que había unas hadas maravillosas con grandes alas que se encargaban de traer los regalos junto a Papá Noel y los Reyes Magos. Desde entonces, Violeta y todas sus amigas viajaron las dos noches más mágicas del año para hacer realidad todos los sueños de los niños y niñas de la Tierra.



Las Reinas Magas

Gaspar, Melchor y Baltasar fueron desde el lejano Oriente a presentar sus regalos al Niño Jesús, pero no venían solos. Les acompañaban muchos pajes y tres compañeras en tres camellos, las Reinas Magas. Ellas, Ghalia, Melissa y Badra, nunca se separaban de sus tres hermanos. Pero, durante mucho tiempo, los niños y las niñas del mundo no supieron que existían. Una maldición las hizo invisibles.

—¿Por qué nunca hablan de nosotras si siempre os acompañamos? —preguntaba la risueña Ghalia.

—No lo sé, hermana, es como si no pudieran veros, pero estáis aquí, junto a nosotros, y siempre nos echáis una mano en el reparto. La Navidad no sería posible si no nos ayudarais a llevar todos los regalos a los niños y niñas de la Tierra —respondió seguro Baltasar.

—Y, ¿cómo podemos romper la maldición? —Melissa quería formar parte de la Navidad junto a sus hermanos.

—Presentándoos al mundo. La próxima Navidad, vosotras aparecereis delante de nosotros en la gran cabalgata. Así, os verán seguro y todos y todas entenderán que siempre estuvisteis aquí con nosotros.

Las Reinas Magas bailaban y reían ante la gran noticia. Por fin dejarían de ser invisibles y podrían hacer muchos regalos como venían haciendo sus hermanos desde el inicio de la Navidad. Habían prometido doblar el número de deseos y regalos para todos y todas. Y, entre todos los juguetes increíbles que regalaban, hicieron algo más, llevaron a todos los niños y niñas muchas historias maravillosas de mujeres que también habían sido invisibles durante muchos años por una maldición que había llegado a su fin gracias al trabajo conjunto de las Reinas y al deseo de ellas y sus hermanos de formar un equipo para siempre.

En la Navidad que se dieron a conocer, todos los niños y niñas comprendieron lo hermoso que era aquel equipo y aprendieron a sentirse iguales por muy diferentes que pudieran parecer a simple vista. Todos los niños y niñas del mundo sonrieron felices ante la gran noticia y recibieron muchos más regalos que antes, pues ya no solo los traían los Reyes Magos, sino que ahora, las Reinas Magas también traían muchos de ellos junto a las hadas y los duendes de Papá y Mamá Noel.

 

 

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