Por qué digo SÍ a la educación feminista

 5248
Por Editorial septiembre 11, 2018  más artículos

 

Hay gente que cuando le planteas esta pregunta piensa que nos gustaría poner una asignatura que se llamara algo así como “Misandría” o “Feminismo y muerte al hombre” o cientos de nombres más por el puro desconocimiento del movimiento feminista.

Cuando hablo de educación feminista, hablo del poder de la prevención, porque observar cómo intervenir después de un caso de maltrato es una situación complicada, pues la mujer ya ha tenido que sufrir violencia. 

Hasta ahora, sabemos que la educación es machista. No hay escritoras, filósofas, pintoras en los libros de historia ni de literatura. No hay un conocimiento íntegro de cómo afectó el movimiento feminista en el siglo XIX o en el XX, aunque forman parte de la historia mundial. Y, siempre hay alguien que, ante este planteamiento, te dice; “Profe, es que las mujeres pintaron menos”. En cierto modo, esa pregunta solo tiene una respuesta: No. Porque sabemos que hay mujeres que firmaban obras con seudónimos de hombres, sabemos que algunos hombres se apropiaron de las ideas de las mujeres en el ámbito científico. Ese es el primer punto de porque sabemos que la educación es machista.

Por otro lado, los nuevos planes educativos desde hace unos años introdujeron la educación sexual en sus currículum. Educación sexual en la que no se habla de las violaciones, no se habla de las relaciones toxicas, no se habla del amor romántico. Se habla únicamente del concepto típico de sexo. Sin añadir nada que los niños y niñas no sepan ya. Nunca se habla de qué es la gonorrea, la clamidia o los herpes. No se habla de que la virginidad no existe. No se habla de nada que no les interese o que sea incómodo. Esto es uno de los grandes pilares que sustentan el patriarcado, el desconocimiento y la formación de tabúes.

Por todo esto, cuando digo que creo en una educación feminista es porque creo que “lo personal es político”. Creo en la enseñanza como arma única de cambio. Por eso, creo que ignorar cambios sociales, históricos o artísticos y no enseñarlos en clase es un error. Y denota cierto miedo a la revolución. Porque, igual, si nos cuentan en detalle lo que hicieron las Sufragettes, nos revolucionamos. Y, eso, compañeras, no les interesa.

No les interesa que aprendamos que el Nobel, se le dio a Watson y a Crick por el descubrimiento del ADN cuando, en realidad, lo descubrió Rosalind Franklin, mujer que trabajaba con ellos, pero que jamás fue reconocida y que aún no aparece en los libros de ciencia.

No les gusta que sepamos qué es una violación, qué estructuras sociales sustentan el patriarcado, ni qué hacer cuando observamos que alguna compañera sufre violencia de género.

Así que, ante esta “dejadez” por parte de la LOMCE y de toda la sociedad, el feminismo exige que se eduque. Es evidente la necesidad que hay de una enseñanza, en la cual se aprendan los logros de las mujeres más importantes de la historia, como Kate Millett, como Rosa Cobo, como Remedios Varo y como Concepción Arenal, entre muchísimas otras. Exigimos que, igual que se habla de la creación de las vías ferroviarias, se añada contenido acerca de cómo las mujeres obtuvieron el derecho a voto, el derecho a tener cuentas bancarias sin necesitar a su marido o a su padre, cómo fue la emancipación del hogar de la mujer, como comenzó a estudiar en la universidad siglos después de que los hombres ya comenzaran a hacerlo.

O, ¿acaso eso es menos importante? Exigimos una educación sexual de calidad para poder ser libres y no tener miedo. Porque el miedo nos ata. Y, así, de paso, enseñamos a los niños y las niñas que la pornografía no es la realidad. 

 

 Colaboradora: María

 

Y recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compatir este post debes!

Foto de portada: