Audre Lorde: ‘Las herramientas del amo no desmantelarán nunca la casa del amo’

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Por Claudia Sánchez agosto 17, 2017  más artículos

 

Audre Lorde, nacida en 1934 en Nueva York, mostró desde muy joven un incipiente talento para la poesía. La memorizaba y recitaba, incluso la escribía cuando no sabía cómo expresar sus sentimientos. Sin embargo, su homosexualidad fue motivo de exclusión cuando intentó unirse a la Asociación de escritores de Harlemn, donde ella vivía. Fue el punto en donde ambas facetas de su ser se contraponían al exteriorizarlas al mundo. Por ese entonces corrían los años 50, y aún así se graduó en Literatura y Filosofía, fue docente, bibliotecaria, activista social y co-directora del periódico lésbico Chrysalis, frecuentando además los círculos gay de Greenwich Village.

Se sintió excluida por los hombres por ser mujer, por feministas blancas por no entender la importancia y las diferencias que causaban la raza dentro del feminismo e, incluso, la homofobia por parte de sus compañeras feministas negras. Así, Audre Lorde vivió la mayoría de las opresiones que la llevaron a ser discriminada en, prácticamente, todos los círculos y circunstancias. Ella siempre sintió la falta de interseccionalidad dentro de la lucha.

Su vida personal tampoco fue fácil. Tras casarse con un abogado y haber tenido dos hijas, conoció a Frances Louis, la mujer con la que compartiría su vida y su lucha contra el cáncer de mama y la sociedad.

Sin embargo, el dolor se convirtió en su fuente de poder. Frases suyas como “las mujeres somos poderosas y peligrosas” o “mi silencio no me protegerá” son algunas que describen su perfil, su voz y su mensaje. Mensaje el cual, a pesar de su muerte en 1992 por el cáncer, no ha cesado de hacerse eco.

Audre Lorde, o también llamada como Gambda Adisa (nombre que tomó en una ceremonia africana antes de fallecer), que significa “la guerrera que sabe lo que es una batalla”, ha sido y es, uno de los rostros clave para entender el feminismo hoy en día.

 

  

Os dejamos una selección de sus poemas

 

Poema de amor

Habla tierra y bendíceme con lo más abundante

haz fluir la miel del cielo desde mis caderas

rígidas como montañas

desparramadas sobre un valle

excavado por la boca de la lluvia

Y cuando he entrado en ella sabía

que yo era un vendaval atravesando sus bosques, huecos

dedos susurrando sonidos

la miel fluía

de la taza quebrada

empalada en una lanza de lenguas

en las puntas de sus pechos en su ombligo

y mi aliento

aullando en sus entradas

cruzando los pulmones del dolor

Ávida como las gaviotas argénteas

o un niño

me balanceo por encima de la tierra

una y otra

vez

 

Padre Hijo y Espíritu Santo

No he visto la tumba de mi padre.

No es que el juicio de sus ojos haya sido

olvidado

tampoco la huella de sus grandes manos

sobre los pomos del atardecer

medio giro cada noche

y venía

cubierto del barro de asuntos mundanos

inmenso y silencioso como todo el deseo del día

listo para redefinir cada una de nuestras formas

sino que ahora los pomos del atardecer están a la espera

y no nos reconocen cuando pasamos junto a ellos

Cada tarde una mujer distinta

corriente como su copita de la tarde

saca la hierba que su quietud hace crecer

llamándola matojos. Cada semana

una mujer distinta lleva la cara de mi madre

y él, que tiene tiempo,

inmutable,

ha de maravillarse

él, que sólo conoció y quiso a una

Mi padre murió en silencio, amando la creación

y las respuestas definidas,

Vivió

conforme juicios fijos sobre cosas familiares

y murió

tras conocerme un 15 de Enero

Hasta que me entierren

no conoceré la tumba de mi padre.

 

Carbón

Yo

es el negro absoluto, hablado

desde las entrañas de la tierra.

Hay muchos tipos de abierto

cómo se anuda el diamante en la llama

lo hace el que paga cuánto por hablar

Algunas palabras están abiertas como un diamante

sobre los cristales de ventanas

que cantan mientras pasa el impacto del sol

Luego hay palabras como sueldos grapados

en un libro de cuentas troquelado – compra y firma y desgarra

y que ocurra todo aquello que dispongan las oportunidades

y el talón permanece

y un diente mal arrancado con un borde raído

Algunas palabras viven en mi garganta

reproduciéndose como víboras. Otras saben del sol

y rebuscan como gitanos sobre mi lengua

para explotar a través de mis labios

como gorriones primerizos estallando de la cáscara

Algunas palabras

me castigan

El amor es una palabra otro tipo de abierto

Como el diamante se vuelve un nudo de llama

Soy Negra porque vengo de la entraña de la tierra

Ahora, ten, toma mis palabras por joyas a la luz del día.

 

 

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Foto de portada: Audre Lorde