El concierto de OT en el Bernabéu fue mucho más que un beso

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Por Editorial julio 2, 2018  más artículos

 

Quién me hubiera dicho que el santuario de la masculinidad y la heterosexualidad hegemónicas por excelencia podría convertirse en escenario de reivindicaciones sociales un día después de la celebración del Orgullo Crítico LGBT+. Un estadio de fútbol, el Santiago Bernabéu, nada menos. Así ocurrió el pasado 29 de junio durante el concierto benéfico de Operación Triunfo 2017.

 

El espectáculo había creado gran expectación entre los fans del concurso, ya que prometía sorpresas nunca vistas en el resto de la gira. En efecto, tres de los triunfitos presentaron por primera vez sus singles ante las más de 60.000 personas que llenaron el estadio y algunos de los demás cantaron acompañados de artistas como Pastora Soler, Luis Fonsi o Zahara. A pesar de los fallos de sonido, que hicieron que algunas actuaciones sonaran enlatadas y las voces se acoplaran, la mayoría de los artistas supo lucirse y sacar el talento que ya habían dejado ver durante el reality. 

Sin embargo, las mejores sorpresas vinieron de la mano de la reivindicación y la lucha. El mensaje más tierno lo trajo Thalía. La extremeña animó a sus seguidores a sentirse orgullosos de lo que son y a “no dejar nunca que nada ni nadie os cambie”.

También Miriam, tercera finalista, dijo unas palabras para presentar su single, Hay algo en mí. En este caso, su reivindicación fue de corte feminista: “sois mujeres, no pertenecéis a nadie, sois libres, y vais a gritar muy fuerte que absolutamente nadie va a callarnos nunca”. El estadio se vino arriba con la actuación de “la leona” y podría decirse sin dudar que todos rugimos con ella mientras cantaba. No era la primera vez que Miriam pronunciaba estas palabras, ya que repitió un discurso similar en Pamplona, especialmente simbólico al recalcar que “No es no” unos días después de la puesta en libertad provisional de La Manada.

  Miriam

Pero, este es el mes del Orgullo LGBT+, y después de una edición brillante, no solo a nivel musical, sino personal por parte de sus jovencísimos concursantes, no extrañó a nadie que Marina saliera a cantar con una bandera arcoíris atada a su pie de micrófono. La sevillana no se contentó con esto, sino que, al terminar de cantar, instó a apoyar la lucha LGBT+ mediante leyes y acciones efectivas, recalcando la validez de todas las siglas del colectivo: “Que la sociedad deje de ponernos trabas que nos encierren en armarios.”

  Marina

Agoney y Raoul salieron al escenario para interpretar su ya conocida versión de Manos vacías y terminaron cogidos de la mano, lanzando el mensaje que, en este sentido, lo empezó todo: “por el amor, la libertad y la visibilidad”. No hubo beso, pero no hizo falta. Este breve discurso, que han pronunciado en casi todos los conciertos de la gira, ha ayudado a miles de fans a sentirse representados y válidos con su propia sexualidad. Muchos de ellos confesaron haberse atrevido a salir del armario con amigos y familiares después del primer concierto en Barcelona, y desde entonces cada vez más chicos y chicas se han ido sumando. Resulta abrumador que un público tan joven pueda tener al alcance referentes LGBT+ que validen su propia existencia y, en la medida que puedan, los hagan sentirse bien consigo mismos.

El mensaje más atrevido, quizá, lo lanzó Ricky. El más mayor de esta edición, así como sus compañeros, nunca había escondido su sexualidad, que se había llevado por los medios con una discreta naturalidad. Pero, en este concierto, Ricky dio un paso más y se lanzó a besar a Kibo, uno de los bailarines y su actual pareja, durante su actuación, la versión de Let me entertain you. La canción ya de por sí tenía al público en pie y bailando, pero el beso terminó de prender la llama entre aquellos que valoraron la valentía de ser libre en una sociedad que siempre querrá hundir aquello que se salga de la norma.

Caminando bajo el cielo nocturno tras las tres horas de concierto queda preguntarse cuál será el coste de estas reivindicaciones para los artistas que se atrevieron a mostrarse tal cual son ante miles de personas en un concierto que, además, quedará televisado. De momento, para todos los asistentes estaba claro lo que sucedería al día siguiente: escasa o nula repercusión para ellos, y todos los focos centrados en la confirmación de la pareja hetero que se había dado un beso al acabar su actuación. A pesar de la invisibilización, cumplieron parte de su propósito: las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo y agradecimiento a todos ellos, y cada vez más banderas LGBT+ llenan la pista y las gradas de los conciertos de esta gira. Cada vez más jóvenes encuentran la representación que necesitan en este elenco de artistas que ha demostrado ya con creces ser el reflejo de una sociedad combativa que pide a gritos un cambio.

Autora: Ana Pastor

 

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