Respuesta de una profesora a otra sobre los deberes

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Por Q noviembre 23, 2016  más artículos

 

Para las personas que no me conozcan, debajo de Q late el alma de una docente. Y, claro, cuando esta parte de mí sale a flote, Q se revoluciona en todos los sentidos y se lía a escribir sin fin. ¡Lo aviso!

 

Hace cosa de un mes y medio, fascinada por el ya conocido por todos anuncio de IKEA, aquel que saltó a la fama a principios de curso por su mensaje revolucionario sobre un tema de candente actualidad, los deberes de los niños, decidí publicar un artículo (puedes leerlo aquí) sobre la genial idea de implantar lo que Ikea llamó la Cenología, una iniciativa impulsora de las cenas en familia, con lo que creaba un auténtico escenario idílico de familias cenando en maravillosas cocinas al más estilo de la marca y derrumbaba por completo el sistema obsoleto de educación en el que nos encontramos inmersos. 

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Es por ello por lo que decidí unirme a su iniciativa y hablar sobre los deberes que atrasan la evolución de las nuevas generaciones y, que, inevitablemente, las cosas están cambiando queramos nosotros o no, que deberíamos actualizar nuestra mente y buscar alternativas con las que conseguir potenciar lo mejor de nuestros hijos y alumnos

  

Soy profesora de secundaria y anoche me sentí aludida por una colega de profesión que dirigía una carta a la marca Ikea mediante una revista digital en la que colabora. En ella, exponía su opinión, totalmente respetable, sobre el tan discutido y complejo tema de la Educación. Comenzaba su escrito comentando su experiencia después de ver el vídeo de Ikea y reafirmando su condición de profesora de secundaria, aludiendo así al sentido común de sus lectores a la hora de frivolizar sobre este tema "sin conocimiento de causa y sin recurrir al análisis de expertos". 

 

Supongo que al hacer esa referencia, y teniendo en cuenta que compartimos profesión, podríamos decir que ambas somos expertas y que ambos análisis deben ser escuchado. Me parece del todo correcto esta postura y, por ello, me sumo a su iniciativa, respondiendo así a su "Carta a Ikea, sobre las cenas sin deberes, de una profesora de secundaria" (puedes leerla aquí). 

 
 

Debo corregir a mi colega sobre el oportunismo de esta campaña publicitaria, pues Ikea la lanzó mucho antes de que saltara esta iniciativa que, según fuentes de la misma revista digital de donde sale este artículo, la huelga de deberes ha arrancado en los primeros días de noviembre y ha sido convocada por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA). Esta huelga consiste en que durante los fines de semana de noviembre, "se insta a los centros públicos que no encarguen deberes y a los padres que, en caso de tenerlos, sus hijos dejen los deberes sin hacer. Reclaman la falta de tiempo libre que tienen los niños debido al exceso de deberes y, en cambio, proponen que hagan otras actividades como visitar un museo o practicar deporte en familia", tal y como expone en otro de sus artículos (puedes leerlo aquí)

 

La misma revista digital que toma mi compañera de profesión como plataforma para expresar su indignación, apoya en otras ocasiones la iniciativa de la huelga de deberes, haciéndose eco del oportunismo de la noticia en sí. Y dice así, "La CEAPA en ese punto tiene muy claro que la confrontación con la autoridad escolar, con la figura del profesorado no se menoscaba con una medida como esta: La educación es mucho más que el currículo escolar, a los docentes como al resto de la sociedad les queremos sensibilizar de los efectos negativos de los deberes. Se puede prescindir de ellos y queremos en nuestro tiempo familiar estar con nuestros hijos e hijas porque nos lo piden.”

 

Visto así no suena tan descabellado. No difiero en todo con la opinión de la profesora a la que dirijo mis reflexiones, de hecho, coincido completamente en su primer punto, en que hay que saber distinguir entre etapas educativas y, a medida que el alumno avanza en su progreso educativo, la necesidad de trabajar más en casa es inevitable. Eso sí, existen muchas otras maneras más actuales de no sobrecargar al alumno e interactuar con él y, sobre todo, con sus emociones. Puesto que nuestros alumnos, antes que alumnos, son seres humanos, personas con inquietudes, problemas, curiosidades, motivaciones y... sonrisas, unas preciosas sonrisas que me da muchísima pena ver borradas de sus caras ante la opresión y autoridad que compañeros de mi gremio inciden sobre ellos. 

 

Los padres, cansados ya de que las cosas no evolucionen, que no haya un cambio, se han decidido ponerse manos a la obra y reclamar sus derechos. Algo que me parece totalmente lícito. Los profesores y profesoras, como comenta la compañera, tenemos que cumplir la ley de educación en vigor, la famosa LOMCE, y en esto también coincido, únicamente que, en ninguna página del Real Decreto que la recoge, aparece absolutamente ninguna referencia a los deberes en casa. Gracias a esa libertad de cátedra que nos acoge, somos nosotros los que decidimos si mandamos todos los deberes del aburrido libro de texto que deben cargar a la espalda junto a los 5 más del resto de asignaturas del día, o si nos apuntamos a la "corriente rebelde" de trabajar nosotros mismos y ofrecer a nuestros alumnos materiales didácticos y actividades acordes con su perfil de alumnado que, como todos sabemos, es muy diverso. Eso sí aparece recogido en la LOMCE, así como la referencia a la Programación de Aula, totalmente dirigida y personalizada por cada docente. Por tanto, la decisión última es NUESTRA.

 

La compañera menciona la Atención a la diversidad para crear un discurso nada menos que demagogo sobre que el anuncio de Ikea no presenta a niños con algún tipo de discapacidad. Tampoco creo que en su revista lo hagan. Ya estamos mezclando terrenos complejos. Una cosa es marketing y otra muy distinta lo que nos encontramos los profesionales de la educación en nuestros centros, en nuestra realidad del día a día, en esos niños que por ser todos ellos distintos, nos piden un respiro y nos piden a gritos mudos toda nuestra atención y, sobre todo, empatía, palabra que muchos olvidamos a menudo. 

 

No se trata de hacer todas las tareas, como marca la compañera. En la ley no aparece un número recogido de tareas obligatorias. Está en nosotros la habilidad para ser capaces de evaluar a un niño de las 7 competencias clave que nos dicta la Ley dentro de un mismo tipo de actividad, trabajo, redacción, etc. De las 7 competencias, exceptuando la matemática, que sí podríamos decir que requiere de un mayor compromiso por parte del alumno en la realización de ejercicios prácticos, el resto de ellas se pueden trabajar de muchas maneras más beneficiosas que mandando deberes para casa. Las cito a continuación para quienes no las conozcan: Competencia lingüística (la que me atañe directamente por ser profesora de lengua) y que rige las cuatro destrezas lingüísticas fundamentales para el alumno (hablar, leer, escribir, escuchar), Competencia digital, Sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor, Competencias sociales y cívicas, Conciencia y expresiones culturales y Competencia para aprender a aprender. Todas ellas llaman la atención por sus denominaciones tan positivas, tan creativas, que parece ser que en las aulas brillan por su ausencia. Seguimos estancados en el sistema educativo más arcaico y los profesores no trabajamos (que tire la primera piedra quien esté libre de culpa) las competencias clave como las marca la ley, sino que nos regimos y leemos lo que nos marcan las editoriales, en lugar de ir a la fuente directa y crear nuestras propias programaciones libres de contenidos de más, impuestos por los que quieren ganar a costa de todo.

 

No creo que la intención de Ikea fuese la de EDUCAR. Ojalá fuese así, la verdad, pues es una RESPONSABILIDAD de TODOS, no solo de los educadores. Ahí está el mayor error. Los profesores nos quejamos de que los niños llegan hechos "unos salvajes" porque sus padres no los educan y nosotros nos amparamos en la idea de que enseñamos conocimientos. Los padres tiran la pelota a otro tejado por falta de tiempo que los profesores restan con sus clases y sus listados de tareas. Por tanto, ¿qué hacemos ahora? Me parece mucho más heróico pensar que yo no enseño conocimientos. Les enseño a buscarlos, a que ellos quieran conocerlos, les enseño valores, al igual de espero que hagan sus padres, y al igual que espero que haga el resto de la humanidad. Pues si no estamos todos en el mismo barco, el barco, inevitablemente, se hunde. Soy más del lema de "Enséñame a amar" (puedes leer este artículo tan interesante y tan bien relacionado con lo que cuento aquí). 

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Que los zapateros hagan zapatos está bien, que Ikea haga muebles también, pero ¿por qué esa manía de separar, de dividir? Si el zapatero, mientras hace sus zapatos, enseña una buena lección moral a alguien, su labor será doblemente valiosa. Si Ikea o muchas otras campañas publicitarias como la de "Casa Tarradellas" quieren acudir a las emociones para llegar a sus clientes y de paso enviar un mensaje que consideren loable, ¿qué problema hay? ¿Dónde está la discusión? Me encanta despertar la actitud crítica de mis alumnos. Es lo que más me fascina de mi profesión, pero no mediante una crítica sin fundamento y basada más en la demagogia y en la supuesta frivolidad que, sinceramente, yo no veo. Yo veo emoción, veo sentimientos, veo algo que más marcas deberían secundar, el hecho de vender su producto apoyándose en valores, Educando a la Sociedad que somos TODOS.

 

Y ya el ejemplo de las vacunas... mejor ni lo comento. No viene al caso. Si fuese un alumno mío, le diría que se está yendo por las ramas. No hay que mezclar churras con merinas. Es ahí cuando surge la frivolidad. No creo que a una marca como Ikea, que vuelvo a repetir que publicó su anuncio antes de que saltara esta "huelga de deberes" (por lo que podríamos atribuirle la genialidad de hacer público algo que pensábamos muchos), tenga pensado atentar en su próximo anuncio contra la salud de sus clientes potenciales. Tampoco quiero entrar a atacar a Ikea por los horarios de los padres y las madres que trabajan en su empresa. Como esta empresa, la mayoría tiene horarios abusivos que obligan a los padres a no disfrutar de sus hijos todo lo que quisieran. Podríamos entonces crear nosotros la iniciativa de la reducción en los horarios laborales, pero ese ya es otro tema que compete a otro experto... El día que ese padre o esa madre descansan y pueden disfrutar de sus hijos, probablemente ellos tengan una larga lista de tareas que ocupen el tiempo que pudieran pasar en familia. Eso sí es triste. El trabajo, al fin y al cabo, es trabajo, y todos lo sufrimos aunque, claro, desde la posición de una persona que tiene horario de mañana y tres meses de vacaciones... Volvemos a la frivolidad... y, si resulta que para ser reales con nuestro entorno, tenemos que llenar las campañas publicitarias de desgracias y nuestras páginas también, deberíamos aplicarnos el cuento antes de contar de más... 

 

Por suerte, nadie nos dice cómo debemos hacer nuestro trabajo, cada uno en su aula es libre de trabajar los contenidos marcados por la ley (ojo, por la ley, y no los índices interminables de los libros de texto y las actividades que los secundan) como nos nazca. No es tan complicado. Solo se trata de hacer nuestro trabajo

 

Intento inculcar a mis alumnos cada día muchos de estos valores y, por supuesto, no mando deberes. No por ello me considero una mala docente o una profesora irresponsable. No. Solo es que creo en otro tipo de educación y me reservo mi gloriosa libertad de cátedra

 

Mis alumnos trabajan, hacen sus deberes conmigo, en clase, interactuamos, trabajamos los ejercicios en tiempo real y no me siento en mi mesa a esperar a que toda la infinidad de deberes que les mandé el día anterior sean expulsados sin ton ni son por las gargantas agotadas y desmotivadas de mis alumnos. Intentamos aprovechar al máximo la gran herramienta que nos brinda Internet, motivándolos desde el medio en el que más cómodos están. Trabajan a su ritmo, tienen sus calendarios de entregas y estudian para sus exámenes. También los incito a buscar cosas interesantes por la red, a conocer, a leer. Y, pienso entonces... si yo les pido esto, el compañero de matemáticas les manda una lista de ejercicios, el de inglés una redacción, el de historia, un comentario, el de filosofía, otra redacción.... ¿Cuándo viven estos chicos? 

No soy la única, afortunadamente, que empatiza. Muchos más docentes trabajan así, proponen a sus alumnos proyectos innovadores, trabajan con ganas por y para sus alumnos. Un ejemplo de ello, para terminar y apoyar lo que os vengo contando, es el de este profesor (de universidad, pero eso no es un impedimento para trabajarlo en todos los niveles a diferentes escalas, lógicamente) que explica en una charla (puedes ver el vídeo aquí) su metodología didáctica. Para mí, al menos, ¡todo un ejemplo!

 

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Foto de portada: We heart it