El día horribloso

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Por Q junio 25, 2017  más artículos

 

Todos hemos tenido un día horribloso, el peor día de nuestra vida. Y nos quema muy dentro. Aún nos quema. Y puede que nos queme la vida entera.

Ese día que cala en lo más hondo, esa palabra dicha con sarna, ese momento fatídico en el que todo a tu alrededor se derrumbó. Conozco ese sentimiento. Yo también tuve mi día horribloso, el que con solo pensarlo hace brotar de tu mirada un triste lágrima de dolor inocuo, de dolor olvidado que parece querer rasgar la poca mierda que aún pueda quedar dentro de ti.

Sácala y recíbela con amor. Esa lágrima, y las que vengan detrás, solo están limpiando tu alma. Su labor es grandiosa para superar los días horriblosos de nuestras vidas, las vidas plenas que hoy vamos a luchar por tener, vidas plenas que hoy tenemos porque luchamos a diario por ello, porque los días horriblosos desaparezcan, por tomarnos la vida de otra manera, por mandar a la mierda al que sea necesario si no nos respetan, si nos traicionan, si nos dañan o manipulan, y quedarnos solo con aquellos que siguen ahí, a pesar de todo.

Y, entonces, nacerá el día gloricioso, y crecerá entre nosotros, y será el mejor día de nuestras vidas, pues será eterno. Y dejaremos atrás las lágrimas, y lloraremos, sí, y mucho, de alegría, de risas, de amor del bueno, del que no daña, del que se llora cuando ya no está y duele mucho más.

Por eso sí vale la pena rociarnos enteras de lágrimas, llorar por el sufrimiento del otro, pero no llorar porque una panda de imbéciles quisieron crear en ti un puto día horribloso por la única satisfacción de sentirse útiles una vez en sus insignificantes vidas. 

 

 

 

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Foto de portada: pinterest