QFEM es un magazine digital de contenido femenino pero con una línea editorial dirigida al empoderamiento de las mujeres y a la visibilización de la cultura.

 

Nacimos en agosto de 2016. Actualmente contamos con un Equipo de 22 personas distribuidas por todo el territorio nacional. Son a su vez colaboradoras activas de otros medios feministas, ilustradoras, escritoras y artistas emergentes. Tenemos otra red de colaboraciones externas y esporádicas, procedentes de España y de países de Latinoamérica como Colombia, México y Chile. Entre ellas, hacemos mención especial a la plataforma digital de recursos educativos Oye Juanjo!, con el que mantenemos una relación de intercambio de información.

En esta misma línea, trabajamos conjuntamente con organizaciones feministas internacionales como WAFMAG (partners actuales de March of women de Washington). De esta manera, nuestros artículos son leídos en zonas tan dispares como Estados Unidos o Filipinas, Latinoamérica y, por supuesto, España.

Damos apoyo a la cultura, las nuevas creaciones y estamos muy focalizadas hacia la interseccionalidad a nivel global. Hacemos trabajos de visibilidad en conflictos de todo el mundo apoyando especialmente a las mujeres y el colectivo LGBTI.

Los intereses de la publicación están basados en las artes, políticas sociales, feminismo, interseccionalidad, educación, así como impulsar a las jóvenes promesas del medio audiovisual o musical.

No estamos ligadas a ninguna organización, medio o partido político. Somos totalmente independientes.

¡Somos Mujeres, Somos Arte, Somos Vida, Somos Educación, Somos QFem!

 

Nuestro nombre. ¿Qué encontramos desde el punto histórico?

Aún no sabiendo hacia dónde nos dirigiría exactamente nuestro camino iniciado hace un año, algo en nuestro interior nos hizo despertar con un nombre a la altura de la ilusión puesta en ello, Question Femenina, un juego de palabras con el extranjerismo “Question” y uno de los términos que nos identifica como género. Porque nos gusta cuestionarnos todo, porque en eso debería consistir la vida, en no dejarnos convencer, en no dejarnos influir sin antes haberlo puesto todo en tela de juicio. Nos gusta generar debates. Partiendo de estas premisas, profundizamos en nuestra investigación para asegurarnos de que era nuestro nombre (y de que no era también el nombre de otras 20 plataformas similares).

La vida volvió a sonreírnos. Esta vez por todo lo que encontramos tras el nombre que llevaríamos por bandera desde ese mismo instante.


Autoras como Geneviève Fraisse y Celia Amorós han coincidido en señalar la obra del filósofo cartesiano , titulado Sobre la igualdad de los sexos (1673) y los movimientos de mujeres y feministas que tuvieron lugar durante la Revolución Francesa como dos momentos clave -teórico uno, práctico el otro- en la articulación del feminismo moderno. Aun cuando las mujeres queden inicialmente fuera del proyecto igualatorio -tal y como sucedió en la susodicha Francia revolucionaria y en todas las democracias del siglo XIX y buena parte del XX-, la demanda de universalidad que caracteriza a la razón ilustrada puede ser utilizada para irracionalizar sus usos interesados e ilegítimos, en este caso, patriarcales. En este sentido, afirma que el feminismo supone la efectiva radicalización de proyecto igualitario ilustrado. La razón ilustrada, razón fundamentalmente crítica, posee la capacidad de volver sobre sí misma y detectar sus propias contradicciones. Y así la utilizaron las mujeres de la Revolución Francesa cuando observaron con estupor cómo el nuevo Estado revolucionario no encontraba contradicción alguna en pregonar a los cuatro vientos la igualdad universal y dejar sin derechos civiles y políticos a todas las mujeres.

En la Revolución Francesa veremos aparecer no solo el fuerte protagonismo de las mujeres en los sucesos revolucionarios, sino la aparición de las más contundentes demandas de igualdad sexual. La convocatoria de los Estados Generales por parte de Luis XVI se constituyó en el prólogo de la Revolución. Los tres estados -nobleza, clero y pueblo- se reunieron para redactar sus quejas y presentarlas al rey. Las mujeres quedaron excluidas y comenzaron a redactar sus propios "cahiers de doléance". Con ellos, las mujeres, que se autodenominaron "el tercer Estado del tercer Estado", mostraron su clara conciencia de colectivo oprimido y del carácter "interestamental" de su opresión.

Tres meses después de la toma de la Bastilla, las mujeres parisinas protagonizaron la crucial marcha hacia Versalles y trasladaron al rey a París, donde le sería más difícil evadir los grandes problemas del pueblo. Como comenta Paule-Marie Duhet, en su obra Las mujeres y la Revolución (1789-1794), una vez que las mujeres habían sentado el precedente de iniciar un movimiento popular armado, no iban a parar en su afán de no ser retiradas de la vida política. Pronto se formaron clubes de mujeres, en los que plasmó su voluntad de participación. Uno de los más importantes y radicales fue la Sociedad de las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias (Société Républicaine Révolutionnaire), fundada por Claire Lecombe y Pauline Léon en 1793. Impulsadas por su auténtico protagonismo y el reconocimiento público del mismo, otras mujeres como Théroigne de Méricourt no dudaron en defender y ejercer el derecho a formar parte del ejército.

Sin embargo, pronto se comprobó que una cosa era que la República agradeciese y condecorase a las mujeres por los servicios prestados y otra que estuviera dispuesta a reconocerles otra función de que la de madres y esposas (de los ciudadanos). En consecuencia, fue desestimada la petición de Nicolás de Condorcet de que la nueva República educase igualmente a las mujeres y los varones. Este filósofo y revolucionario tuvo un papel protagonista como defensor de numerosas causas liberales, y esperaba una reconstrucción racionalista de la sociedad. Además, adoptó una posición activa, sobresaliente, en la lucha de las mujeres, mostrándose partidario al voto de ellas en un artículo del Journal de la Société de 1789, y publicando en 1790 su escrito Sobre la admisión de las mujeres en el derecho de ciudadanía, uno de los mejores alegatos feministas de la época.

Seguramente, uno de los momentos más lúcidos en la paulatina toma de conciencia feminista de las mujeres está en la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana (1791), de Olympe de Gouges, una mujer del pueblo y de tendencias políticas moderadas, que dedicó la declaración a la reina María Antonieta, con quien finalmente compartiría un mismo destino bajo la guillotina. Este es su veredicto sobre el hombre: "Extraño, ciego, hinchado de ciencias y degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la ignorancia más crasa, quiere mandar como un déspota sobre un sexo que recibió todas las facultades intelectuales y pretende gozar de la revolución y reclamar sus derechos a la igualdad, para decirlo de una vez por todas".

En 1792, la inglesa Mary Wollstonecraft redactaría en pocas semanas la célebre Vindicación de los derechos de la mujer. Las mujeres habían comenzado exponiendo sus reivindicaciones en los cuadernos de quejas y terminan afirmando orgullosamente sus derechos. La transformación respecto a los siglos anteriores, como acertadamente ha sintetizado Fraisse, significa el paso del gesto individual al movimiento colectivo: la querella es llevada a la plaza pública y toma la forma de un debate democrático. Se convierte por vez primera de forma explícita en una cuestión política.

A mediados del siglo XIX comenzó a imponerse en el movimiento obrero el socialismo de inspiración marxista o "científico". El marxismo articuló la llamada "cuestión femenina" en su teoría general de la historia y ofreció una nueva explicación del origen de la opresión de las mujeres y una nueva estrategia para su emancipación. Tal y como desarrolló Friedrich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), el origen de la sujeción de las mujeres no estaría en causas biológicas -la capacidad reproductora o la constitución física- sino sociales. En concreto, en la aparición de la propiedad privada y la exclusión de las mujeres de la esfera de la producción social. En consecuencia, de este análisis se sigue que la emancipación de las mujeres irá ligada a su retorno a la producción y a la independencia económica.

Aunque suscribían la tesis de que la emancipación de las mujeres era imposible en el capitalismo -explotación laboral, desempleo crónico, doble jornada, etc.- eran conscientes de que para sus camaradas y para la dirección del partido, la "cuestión femenina" no era precisamente prioritaria. Más bien se la consideraba una mera cuestión de superestructura que se solucionaría automáticamente con la socialización de los medios de producción, y, en el peor de los casos, "una desviación peligrosa hacia el feminismo".

Esto no impidió que las mujeres socialistas se organizaran dentro de sus propios partidos. Se reunían para discutir sus problemas específicos y crearon, a pesar de que la ley les prohibía afiliarse a partidos, organizaciones femeninas. Los cimientos de un movimiento socialista femenino realmente fueron puestos por la alemana Clara Zetkin (1854-1933), quien dirigió la revista femenina Die Gliechhteit (Igualdad) y llegó a organizar una Conferencia Internacional de Mujeres en 1907

 

El socialismo marxista también prestó atención a la crítica de la familia y la doble moral, y relacionó la explotación económica y sexual de la mujer. En este sentido, es imprescindible remitirse a la obra que Alejandra Kollontai escribe ya a principios del siglo XX. Kollontai puso en un primer plano teórico la igualdad sexual y mostró su interrelación con el triunfo de la revolución socialista. Pero también fue ella misma, ministra durante solo seis meses en el primer gobierno de Lenin, quien dio la voz de alarma sobre el rumbo preocupante que iba tomando la revolución feminista en la Unión Soviética. La igualdad de los sexos se había establecido por decreto, pero no se tomaban medidas específicas, tal y como ella postulaba, contra lo que hoy llamaríamos la ideología patriarcal.

“Dejando a los estudiosos burgueses absortos en el debate de la cuestión de la superioridad de un sexo sobre el otro, o en el peso de los cerebros y en la comparación de la estructura psicológica de hombres y mujeres, los seguidores del materialismo histórico aceptan plenamente las particularidades naturales de cada sexo y demandan sólo que cada persona, sea hombre o mujer, tenga una oportunidad real para su más completa y libre autodeterminación, y la mayor capacidad para el desarrollo y aplicación de todas sus aptitudes naturales. Los seguidores del materialismo histórico rechazan la existencia de una cuestión de la mujer específica separada de la cuestión social general de nuestros días. Tras la subordinación de la mujer se esconden factores económicos específicos, las características naturales han sido un factor secundario en este proceso. Sólo la desaparición completa de estos factores, sólo la evolución de aquellas fuerzas que en algún momento del pasado dieron lugar a la subordinación de la mujer, serán capaces de influir y de hacer que cambie la posición social que ocupa actualmente de forma fundamental. En otras palabras, las mujeres pueden llegar a ser verdaderamente libres e iguales sólo en un mundo organizado mediante nuevas líneas sociales y productivas.” Los fundamentos sociales de la cuestión femenina, Alejandra Kollontai.

“”El mundo de las mujeres se divide, como el mundo de los hombres, en dos bandos: los intereses y las aspiraciones de una parte la acercan hacia la clase burguesa, mientras que la otra está en estrecha relación con el proletariado y su propuesta libertadora e incluye una solución completa de la cuestión de la mujer. Así pues, aunque ambas partes persigan en general la “liberación de la mujer”, sus objetivos e intereses son distintos. Cada uno de las partes, inconscientemente, establece sus propuestas iniciales a partir de los intereses y aspiraciones de su propia clase, lo que dota de un color específico de clase a los objetivos y tareas que establecen para sí mismas. A pesar de la aparente radicalidad de las demandas de las feministas, no hay que perder de vista el hecho de que las feministas no pueden, en razón de su posición de clase, luchar por la transformación fundamental de la sociedad, sin la que la liberación de la mujer no podrá ser completa.”” A. K.

Qué mejor que ella, Alejandra Kollontai para destriparnos el alma y alentar nuestra marca, nuestra Cuestión/Question Femenina. 

 

Declaración de intenciones

 

La Cuestión Femenina representa en sí al Feminismo, a la cuestión de la mujer en la sociedad en igualdad de condiciones con el hombre, y como prioridad en la misma para conseguir el avance y el cambio que necesitamos para crecer como seres humanos iguales por encima del sexo, la raza, la religión o la ideología política, sin las lacras del pesado patriarcado que nos ha oprimido desde siempre. Y es en el sistema capitalista, cuando nos quitamos las vendas del consumismo y llegamos hasta el aburrimiento de un mundo vacío y materialista, cuando comenzamos a ver por fin la necesidad de un cambio de perspectiva, de un cambio en la Educación, en los valores que debe sustentar la sociedad, de una regeneración completa para educar a las futuras generaciones con un objetivo común, convivir en una sociedad empática que apueste por sumar en lugar de enfrentar.

Y aunque hablemos de patriarcado y capitalismo en un mismo párrafo, no queremos malinterpretar nuestra línea, pues en ningún momento excluimos a los hombres, a los que amamos, siempre y cuando sean buenos y se merezcan nuestro amor. Tratamos de eliminar la visión machista y sexista de la sociedad para poder vivir en un mundo igualitario, sin prejuicios, con visibilidad de la realidad en la que vivimos (aunque a veces sea muy cruda y no nos guste), de los colectivos como el LGBTI, lacras sociales como la violencia de género, el bullying, el ciberacoso, la prostitución, etc, acudiendo al feminismo en todas sus vertientes para hacerlo posible. Todo esto aderezado con artículos más triviales, de entretenimiento, de cultura, arte, música, cine, etc., introduciendo poco a poco al lector en diferentes mundos y diferentes perspectivas de nuestra realidad, sumando artículos de motivación, de lectura profunda, de lectura más airosa, y hasta de lectura para alimentar el alma, la más bonita de toda, la lectura poética y literaria en toda su extensión.

El objetivo es llegar a mujeres y hombres de todas las edades, y la juventud es hoy en día la mayor consumidora de este tipo de producto, por lo que, inevitablemente, tenemos doble responsabilidad con los jóvenes. Por nuestra clara apuesta por una regeneración en la Educación como parte de solución a los problemas que plantea la sociedad, desde QFem, también apostamos por tratar temas de interés, para hacerlos más conscientes, siendo cercanas, de las situaciones que vivimos cada día, de las injusticias que se palpan, con el único objetivo de remover conciencias, de llegar a todas aquellas personas que de una forma u otra accedan a la revista, y ya sea por una foto-frase tierna, por una foto-frase reivindicativa, por una viñeta cómica, por un poema esperanzador o por una dura crítica, decidan quedarse y seguir apostando por la lectura de Question Femenina.

Nuestro principal objetivo es generar un sentimiento de igualdad, respeto y concienciación al leer la información que ofrecemos, centrándonos en todo momento en nuestro acérrimo apoyo al Feminismo. Y, nuestra promesa, seguir creciendo.

Fuentes: Feminismo Moderno, Ana de Miguel.
  Mujeres y Socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Sharon Smith.
  “Precursores” en la defensa de los derechos de las mujeres, Mª Encarnación Fernández Ruiz-Gálvez.
  Historia del Feminismo, mujeresenred.net
  Feminismo para principiantes, Nuria Vela.