Lo que aprendí de las supervillanas

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Por FEM noviembre 3, 2016  más artículos

 

Desde pequeñas son miles de millones los estímulos que nos bombardean para definir la persona que seremos en cuanto el efecto del imparable tiempo haga de las suyas.

Nos venden la ilusión de la felicidad enlatada, el pack Barbie. Es decir, búscate un marido guapo y rico para que mantenga tu perfecta belleza de plástico, que te compre tu mansión y con el cual tener hijos guapísimos y un par de labradores para que correteen por el césped con los niños.

Es precioso este ideal, el problema llega cuando no te sientes identificada para nada con él, cuando el futuro que imaginas no está supeditado a otra persona más allá de ti misma. Los hijos pueden entrar en este combo de felicidad comercial, pero para las que no les cuadre del todo este producto, hoy desde QFem queremos ofrecerte la alternativa.

Este ideal de felicidad me recuerda a los personajes animados que veíamos de pequeñas. Todas queríamos ser la heroína, la princesa, la protagonista al fin y al cabo. El pero es que, cuando maduras, cuando el tiempo te ha enseñado un poquito sobre cómo es la vida, entiendes que lo de comer perdices está muy bien para unos días pero ¿toda la vida comiendo perdices? ¡Qué aburrimiento!

El bien y el mal separados por esa fina línea que separa muchas otras cuestiones como el egoísmo y la bondad o la felicidad real de la ficticia. ¿Te has parado a pensar alguna vez si realmente estás viviendo la vida que quieres?

El cúmulo de vivencias adquiridas mediante el paso de los años hicieron que estas líneas de separación se vuelvan difusas y, en ocasiones, incluso no haya línea. Aunque el ideal suelen ser princesas, hoy os enseñaré lo que aprendí de las villanas...

Hiedra Venenosa hizo que amásemos la botánica, el hecho de conocer todo sobre las plantas es un gran punto a favor y si la relacionamos con Harley Quinn y sus planes para destruir de una forma divertida Gotham vemos todo el poder de ambas en acción.

Catwoman nos enseñó el gusto por lo ajeno además de su lado pícaro y desenfadado, su traje negro y sus monas orejitas de gata hicieron que no olvidáramos que las 7 vidas están para vivirlas.

 

Xena, la princesa guerrera, nos hizo entender que se pueden librar todas las guerras del mundo si se tiene un motivo noble por el que hacerlo.

La Mujer Araña nos enseñó que jugar a dos bandas (en cuanto a trabajo se refiere) no está mal si es por un bien mayor.

 

La cuestión aquí no es el juicio moral, sino entender que la inspiración puede llegarnos desde los más diversos puntos, que todo lo que vemos, hacemos y sentimos repercute en nosotras, y que lo principal es que aprendas a aceptar cómo y quién eres sin dejarte llevar por la corriente. Pues ser que la que se salga de la norma también tenga su gracia. Si no me creéis, ¡preguntadle a nuestras villanas preferidas!

 

¿Qué personajes marcaron tu infancia? ¿Cómo influyeron en la persona que eres hoy? ¡Cuéntanos tu experiencia!

 

Antes de irte recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres, compartir este post debes!

Foto de portada: We heart it