Nadia Murad, la mujer que arriesgó su vida por la Paz mundial

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Por Q octubre 8, 2018  más artículos

 

Nadia era una estudiante que vivía en el pueblo de Kojo, en Sinjar, al norte de Irak. Su familia estaba compuesta por granjeros y pertenecían a una minoría étnica religiosa conocida como yazidí. Es una comunidad preislámica con arraigo en Irak, a la que los yihadistas consideran herética. El 3 de agosto de 2014, cuando Murad tenía 19 años, un grupo de combatientes del Estado Islámico (ISIS) acorralaron a la comunidad yazidí de su pueblo asesinando a 600 personas. En la masacre, Nadia perdió a sus seis hermanos y a su madre, asesinada junto a otras ochenta mujeres mayores, a las que los terroristas consideraron sin valor sexual. 

Las mujeres y lxs niñxs del pueblo fueron secuestradas y las jóvenes vendidas como esclavas sexuales. Entre ellas, estaba Nadia y otra mujer, Aji Bashar, con sus seis hermanas. En el relato de su cautiverio, Bashar cuenta que fue vendida hasta cinco veces por los terroristas y obligada a fabricar bombas y chalecos suicidas en Mosul.

Nadia fue retenida como esclava en la ciudad de Mosul, golpeada, quemada con cigarrillos, y violada a diario. Consiguió escapar, después de tres meses, cuando su captor se fue de la casa, en la que la retenía, dejándose la cerradura abierta. Fue acogida por una familia vecina que la ayudó a salir clandestinamente, permitiéndole llegar a un campamento de refugiados en Duhok, en el norte de Irak. En febrero de 2015, dio su primer testimonio a reporteros del diario belga La Libre Belgique, mientras permanecía en el campamento Rwanga, viviendo en pésimas condiciones dentro de un contenedor. En 2015, fue una de las 1.000 mujeres y niñxs que se beneficiaron de un programa de refugiados del Gobierno de Baden-Württemberg, en Alemania, donde llegó con su hermana y se convirtió en su nuevo hogar.

La recién galardonada con el Nobel de la Paz logró escapar del calvario y la explotación sexual del Estado Islámico en Irak. Ahora, ella lucha por llevar a los criminales ante la justicia internacional

Desde entonces, su lucha por llevar a los criminales ante la Justicia Internacional por genocidio y crímenes contra la Humanidad no cesa. Pelea porque se haga justicia con la minoría yazidí, una de las más antiguas de Irak.

Murad tiene ahora 25 años, imparte conferencias, viaja, concede entrevistas… Rema con la vista puesta en la justicia, aunque según reconoce, muy a su pesar. “Yo no quiero ser activista para siempre. No quiero tener que contar mi historia una y otra vez. Quiero tener mi propia vida”, se lamentaba recientemente en la entrevista concedida a El País

Ha recibido el premio Sájarov a la libertad de conciencia y el Václav Havel de derechos humanos. Es, además, embajadora de buena voluntad de Naciones Unidas para la dignidad de los supervivientes de la trata de personas.

Esta sigue siendo la realidad de miles de mujeres que viven indefensas, destrozadas por dentro y por fuera

A Murad le obsesiona una idea, la complicidad. Sigue sin poder asimilar cómo tantos iraquíes que sabían lo que pasaba de puertas para dentro en las casas del horror donde se violaba a las mujeres, no decían nada, aún siendo víctimas del miedo. Tampoco alcanza a comprender a los jóvenes occidentales que corren a alistarse al ISIS conociendo las atrocidades que cometen.

Nadia Murad fue galardonada el pasado viernes con el Premio Nobel de la Paz junto al médico congoleño Denis Mukwege, por "arriesgar su propia seguridad para combatir con coraje crímenes de guerra y buscar la justicia para las víctimas".

Nadia Murad ha escrito el libro Yo seré la últimaHistoria de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico (Plaza Janés), en el que describe con minuciosidad forense su tragedia. Siempre tiene en mente el día después. El día en que su testimonio sirva para hacer justicia. Porque es consciente de que los detalles, el día, la hora, los lugares importan. Es un relato duro y necesario que trata de evitar que la violación vuelva a ser otra vez más un arma de guerra en el enésimo conflicto.

“El mercado de esclavas abría por la noche. Podíamos escuchar la conmoción que había abajo, donde los militantes se registraban y se organizaban. Cuando el primer hombre entró en la habitación, todas las chicas comenzaron a gritar. Fue como la escena de una explosión. Gemíamos como si estuviéramos fuertemente heridas, retorciéndonos y vomitando en el suelo. Pero nada de eso detuvo a los militantes“.

Ahora vive obligada a extremar su protección porque sabe que los tentáculos del Estado Islámico son de largo alcance, también en Europa. Hace poco, hizo público su compromiso con un joven que actuaba de intérprete en las entrevistas. Quiere aprender inglés y maquillaje.

Nadia Murad es un referente para que nuestro mundo sea un mundo mejor, un nuevo mundo feminista. 

 

 

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Foto de portada: Nadia Murad