Las heridas emocionales de la infancia se extrapolan hacia la madurez como si se acabaran de experimentar. Toda vez que un niño aprende a comportarse, reaccionar, sentir y pensar de una manera le es difícil, cuando se hace adulto, cambiar su actitud.

Según estudios de psicología existen heridas emocionales comunes de la niñez que influyen en cómo se ve y afronta la vida cuando crecemos.

1. El miedo al rechazo

Ya sea que este miedo sea o no infundado se basa en el miedo al rechazo social, a perder la protección de la figura de apego, entre otros factores. El/la niño/a que tiene miedo al rechazo y crece con ello se convierte en una persona de baja autoestima, con poco amor propio, que sacrifica sus opiniones para adoptar los criterios de los demás.

2. La ansiedad de separación

El temor a ser separad@ de sus padres y sentirse sol@ y abandonad@ durante la niñez forma a una persona adulta temerosa, tímida, siempre carente de afecto y, por lo tanto, insegura y sumisa.

3. La humillación

Ser humillad@ lo mismo dentro del plano familiar que social cuando sus parientes o compañeros minimizan sus cualidades y se burlan de ellas, lo critican y lo desaprueban, forma lo mismo a un ser humano tímido y sufrido que tiránico y despiadado.

4. La injusticia

El ser víctima de exigencias injustas o de reprimendas no acordes con sus faltas hace a un/a niño/a insegur@, desconfiad@ de todos y todo. En la madurez puede convertirse en una persona pesimista y negativa que también opta por criticar de manera desmedida a quienes le rodean.

5. La traición

Cuando los adultos no cumplen las promesas que le hacen y sus expectativas no se convierten en realidad, el/a niño/a en cuestión puede terminar por ser una persona desconfiada y poco sociable.

6. La falta de afecto

La falta de afecto es una de las heridas emocionales que más daño hacen. Quien crece despojad@ de afecto está condicionado a ser infeliz. Se sabe que el afecto es tan necesario como los alimentos, el aseo o la atención de las enfermedades porque el cerebro, así como el resto del cuerpo, necesita ser estimulado y provisto de todo cuanto necesita. Cuando l@s niñ@s tienen carencia de afecto son más vulnerables a contraer enfermedades y perciben un retraso en su desarrollo físico y mental.

El abandono emocional es otra de las heridas emocionales que aunque no se quiera, llegan hasta la madurez como si se tratara de una enfermedad genética. Los hombres y mujeres que de niñ@s se vieron privados de la cercanía de sus padres crecen sintiéndose vací@s y poco apreciad@s. El abandono emocional es un suceso que se da cuando los padres, porque no tienen tiempo para estar con sus pequeñ@s o porque no sienten afinidad por ell@s, se mantienen alejados física y espiritualmente.


¿Cómo no causarle heridas emocionales a mi hij@?

  • Dedicar más tiempo a su crianza atendiéndolo directamente todas las horas que puedas y no delegando su formación en terceros.
  • Conversar los temas que le interesan, debatir sus puntos de vista y solventar sus dudas.
     
  • Nunca compararl@ con los demás. Si quieres que tu niñ@ se comporte como otr@s y saque mejores notas, por ejemplo, estimúlalo a investigar y estudiar.
     
  • Tratar sus miedos y no minimizarlos.
     
  • Premiarlo, alabarlo, destacar sus cualidades y aplaudir sus logros. Así levantarás su autoestima.
     
  • Prestar tiempo y, en cualquier caso, pedir ayuda especializada para tratar temas como la muerte de familiares, el divorcio de los padres, su timidez, la verdad de su origen (adopción), entre otras.
     
Estos son algunos consejos que bien se avienen a las características de todos los núcleos; sin embargo, la manera de no causarle heridas emocionales a un/a niño/a está en las manos y el actuar de cada familia.
 
 
 
 
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