Enséñame a amar

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Por Q octubre 26, 2016  más artículos

 

Vamos durante años a aprender cosas a un lugar donde aprendemos, sí, pero no lo suficiente o más importante. Asistimos durante muchos años a clases desoladas, manidas, anticuadas, somnolientas, que solo nos enseñan teoría y más teoría. Aprendemos idiomas, cálculo, lengua, historia... de todo, eso sí, dando prioridad a unas materias más que a otras... aunque muchas veces no seamos capaces de explicar por qué es así y por qué nos seguimos rigiendo por valores anquilosados

 

Así es. Aprendemos y aprendemos. Y luego llegamos a casa. Nuestros padres llegan cansados de trabajar, pues esta sociedad les obliga a vivir para ello, y no a trabajar para vivir. Y, entonces, cuesta más aprender de ellos. El tiempo nos lo impide, así como el cansancio y el peso de los años. Y, ¿qué ocurre entonces? Ocurre que cuando no encontramos espacio para lo más importante, ya que el trabajo y el estudio absorve todo nuestro tiempo para ellos en exclusiva, la parte emocional se pierde en el abismo... Un abismo enorme que nos lleva a ser autómatas, a dejar de lado los sentimientos, los valores, las emociones, y con ello a no empatizar con los demás o, lo que es peor, a atentar contra ellos.

 

Si esto ocurre, señores, estamos perdidos. Y esto es lo que va ocurriendo generación tras generación. Echamos la culpa a lo que desconocemos, llámese redes sociales, Internet o las malas compañías de mi hija de las cuales ni siquiera conozco sus nombres... Echamos la culpa a la Escuela Pública, a los móviles, a las amistades, echamos la culpa a todos menos a nosotros mismos. Siempre hay alguien que está haciendo las cosas mal, siempre hay una cabeza de turco a la que cargar con toda la responsabilidad de lo que estamos haciendo con las generaciones futuras.

 

Las redes sociales, por desgracia, no están ahí para enseñar valores (sino que uno ya los tiene que traer de casa para saberlas utilizar con cabeza). También se dice que los profesores tampoco están ahí para ello. Y, entonces, ocurre que también los padres dicen que ellos no tienen tiempo para hacerlo. ¿Qué hacemos pues? ¿Los dejamos a su querer y que se críen como buenamente puedan esperando que la gracia divina los haga hombres y mujeres de bien por que sí? 

 

Pues no. Esa no es la solución. Si analizamos todo lo anterior, concluiremos que estos tres factores (padres, profesores e Internet), que ocupan la gran parte del tiempo de nuestros hijos cuando no se están relacionando con otros hijos de edades similares, son fuentes necesarias para forjar un adulto. Las dos primeras ya lo eran desde hace mucho tiempo, la tercera se ha unido a ellas en los últimos años y ha empezado a crecer a pasos tan agigantados que a los que nos ha pillado algo más mayores nos asusta hasta dónde pueda llegar. Pues llegará hasta donde nosotros se lo permitamos. Como siempre. Las cosas no han cambiado tanto en esencia, sí en comodidad, en cercanía, en accesibilidad. Sería una locura darle la espalda. 

Gracias a las redes sociales, a Internet, nos enteramos de cosas que antes no teníamos tan al alcance, conocemos a personas maravillosas que merecen la pena ser reconocidas, aprendemos, claro que sí, nos enseñan valores con sus vídeos, sus grandes citas, nos motivan para crecer. Además, el tito Google siempre está dispuesto a ayudar. 

Por tanto, si nos dan miedo las nuevas tecnologías, si no tenemos tiempo de explicar a nuestros hijos lo que está bien o mal para saber actuar en consecuencia en ellas, si los profesores solo se dedican a dar contenidos teóricos en todas y cada una de las materias (restando importancia a la rama artística y premiando la científica), si no respetan a sus alumnos ni los motivan, si solo ponemos excusas y echamos culpas, podremos entender esa magnífica frase ya mítica de "En mis tiempos esto no pasaba" o "Los niños ya no tienen infancia".

 

¡Pues ya hubiéramos querido más de uno esa infancia! ¡La tecnología en sus manos! ¡Ese no es el problema! El problema es el uso que hagamos de él. Como pasa en todo lo demás... Ha habido épocas mucho peores, eso seguro, y esta tiene sus errores al igual que las tuvieron otras antes, pues somos nosotros, los humanos, los que nos equivocamos, no las máquinas, somos nosotros los que buscamos siempre un arma mayor para hacer daño al prójimo...

  

Pero, ¿no nos enseñaron a que hay que amar y respetar al prójimo? Bueno, a estas nuevas generaciones no se les explica de igual forma ni con la severidad de antaño. La Religión se está estancando en la enseñanza y los padres prefieren optar por los valores éticos, lo que suena un gran acierto, pero no suficiente si esas materias también se enseñan con un libro y un cuaderno delante.

 

A amar no se enseña con libros, se enseña con palabras, con reflexiones, con opiniones. La clave está en las emociones, en aprender a gestionarlas, en enseñar a hacerlo. De qué sirve cuidar nuestro cuerpo y cultivar nuestro cerebro si tenemos un alma vacía

 

Así es, para nada. ¿Y cómo enseñamos esto? Bueno, seguro que en una hora a la semana de Valores Éticos no. Quizá sí con un mensaje a diario de cada uno de nosotros a esos chicos que se están forjando, que les pedimos que sean perfectos, que les exigimos de todo porque creemos que así lo tendrán todo, todo lo que no tuvimos, pero hablamos de un todo material, corpóreo, insignificante comparado con un todo que viene de dentro, un todo que le podemos dar a nuestros hijos, a nuestros alumnos y a nuestros consumidores en la Red con muy poco, enseñándoles a amar, a gestionar las emociones, a vivir.

Y para ello, solo tenemos que hacer lo mismo, respetar y amar. Ellos responden del mismo modo que los tratamos nosotros. Solo hay que enseñarles a empatizar, a sentir el dolor del otro, el amor del otro, del prójimo, y para ello no necesitamos una Biblia ni un libro de Ética, necesitamos únicamente escuchar, hablar, aconsejar, sonreír, compartir y, ante todo, respetar. Ya seamos madres, padres, profesor@s o creador@s de contenido.

No queremos clases desoladas, tristes, apagadas, llenas de alumnos arquetipo con notas brillantes. No las queremos porque no existen. Existe la diversidad y como tal, así debe ser la Educación. Alimentar mentes, alimentar almas sanas, personas honestas, creativas, con motivación para conseguir todo lo que se propongan, que brillen en su terreno, aunque en otros flaqueen. No queremos borregos. 

 

Si no saca un 10, que tenga un alma limpia y saque un 5. Que no es el más guapo o el más atlético, que sea buena persona, que empatice, que respete, que ame. Ya encontrará en qué es bueno y qué es aquello que le gusta hacer. Exigir topes solo podrán acercarlo más al fracaso y la frustración si no los alcanza.

 

Nos gusta la variedad y los valores, las emociones, las vivencias y experiencias, el amor y la amistad, la empatía y el respeto¿Y tú? ¿Qué opinas? ¿Es tan difícil repetir esto hasta la saciedad para que los chicos lo vean? Creemos que no, creemos que ahora, afortunadamente, es más fácil poder hacerlo y llegar a ellos. ¿Te apuntas a compartirlo con todo el mundo para que no se pierda nuestra verdadera esencia ni la de los más peques de la casa?

 

Y recuerda... ¡Si ayudarnos a crecer quieres (y a cambiar el mundo de paso), compartir este post debes!

Foto de portada: Shutterstock/Chinnapong