Yo sí te creo

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Por FEM junio 27, 2018  más artículos

 

Se sigue perpetuando la idea de que las mujeres somos objetos y somos de alguien, como una propiedad y nosotras estamos cansadas de tanta tontería ya.

 

El sistema no quiere que tengamos voz, quejarnos es toda una ofensa, nos prefieren sumisas, que nos mantengamos donde se nos pueda proteger, al mismo tiempo que olvidan que nosotras deberíamos saber protegernos solas. “Mejor quédate en casa y desarrolla tu papel como mujer para que no te pase nada malo” deben pensar quienes no se han quedado de piedra con la puesta en libertad de este grupo de animales que no es capaz de entender la posición de autoridad que ejercían siendo 5 hombres contra una mujer y el daño que le han causado a ella de por vida. Asumo que no lo entienden, ya que siguen manteniendo que son inocentes. La cara se nos debería de caer de vergüenza a todos y todas por permitir que hechos así no paren de sucederse y no encontremos el modo de pararlos.

Preferimos vivir en una sociedad que embellece, erotiza y naturaliza la cultura de la violación acusándonos a nosotras cuando una persona poseída por el machismo se cruza en nuestro camino diciendo “¿qué hacía sola con ellos a esas horas?, ¿Por qué llevaba esa ropa? Algo estaría buscando”. Encontramos mil y una justificación para tapar los actos delictivos cometidos en exclusiva por los culpables. Como mujeres, recibimos una constante sensación de alarma y amenaza en lo que a violencia sexual se refiere. ¿Cuándo podremos andar tranquilas y libres por la calle a la hora que sea?

El tema de la pornografía y el auge en su uso formativo en la adolescencia, sobre todo de los jóvenes, también debería preocuparnos, no por el hecho de ver porno, sino porque asumen que el porno machista que ven es lo que después tienen que hacer en su cama con quien consideran su chica o más bien su propiedad. Llegan a decirnos que “no sabemos bien lo que queremos pero yo te lo doy”, “que no te quejes, que no es para tanto”, “que si no quieres sexo es porque no me quieres”, “que si no te gusta probar es que ya lo has probado con otro”...

Me declaro zorra, guarra o cualquier otro insulto que haya recibido yo o alguna de mis hermanas por ser una mujer libre en lo que a su sexualidad se refiere. Salir a disfrutar a las fiestas de tu pueblo sin tener que preocuparte porque te vayan a violar debería ser posible en un país tan grande y moderno como creen algunos que es Españ, pero, no solo aquí, este derecho debería ser universal. Vivir con miedo no es vida.

Se nos enseña que valemos tanto como el beneficio que otros puedan sacar de nosotras, bien sea por nuestro cuerpo, cosificado hasta la saciedad, o por nuestro tiempo de vida, asumiendo que nos toca hacer la vida más sencilla a quien se encuentra en una posición privilegiada. Sé servicial, sé atenta y, sobre todo, cumple con las expectativas y deseos de todos los que te rodean, pero no te preocupes por escucharte, por saber qué te gusta, por decir lo que quieres y cuándo lo quieres porque, si lo haces, serás una mala mujer y, en este mundo machista, esto es inconcebible.

Los límites morales están bien mientras puedas desarrollarlos como persona independiente y no te lleguen impuestos por el machirulo de turno que siente suya esta obligación patriarcal. Somos tan puras y santas como vosotros, lástima que algunos sigan viendo a “macho man” en su amigo con muchos ligues y como "una suelta" a la conocida a quienes todos señalan por disfrutar del sexo. Debemos las mujeres, como seres de pleno derecho, poder decidir sobre nuestra sexualidad sin que se convierta en tema de Estado, ni escandalice a los del quinto, ni tengan nada que decirnos, ni en casa, ni en el trabajo, ni por la calle.

Si tienes hijas, no le digas que se cuiden de ser violadas, no es su culpa, nunca. Si tienes hijos, recuérdales que todas las personas merecemos respeto y que las chicas no son el trofeo a conquistar en su próxima salida.

 

 

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