Fuiste mi gran amor después de mí

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Por Q junio 1, 2017  más artículos
 
 
Todavía no estoy preparada para dejarte. Todavía tengo miedo a perderte.
 
Todavía tengo miedo a no ser feliz sin ti, miedo a creer que el fallo está aquí y no en cualquier otro sitio, a creer que al alejarme me hará ser más libre, más mujer.
 
No eres mi enemigo, nunca lo he pensado, aunque mis palabras a veces acusen a tus hechos de actitudes injustas, actitudes que desunen, que hacen daño, que crean inseguridad, malos pensamientos, malas acciones y malas consecuencias.
 
Eres mi amigo, mi compañero, mi chico revolucionario, muy terco a veces, que espero que entienda lo que busca su chica, lo que anhela ella y lo que necesita, algo que no lo excluye del plan, sino que lo ensalza como pieza clave de un puzzle de dos.
 
Lo sé porque estás ahí, calándome el alma, dándome tu mano en cada paso, demostrándome que se puede luchar contra todo estando unidos, que siendo tan distintos, podemos amarnos, respetarnos y creer en un mismo objetivo.
 
Y, entonces, ¿dónde está el problema? Quizá, sin nosotros saberlo, en la sociedad, en esa injusta e ingrata masa que nos dice cómo actuar, cómo incidir en nuestra pareja cuando no cumple el plan establecido desde el comienzo de los tiempos, cuando no piensa en la familia como único cosmos vital,cuando cree más en su desarrollo personal, en el arte, en la creatividad, en las personas, en la vida y el compromiso social que en la rutina diaria cantante y danzante inundada por la mierda pestosa que respiramos a diario.
 
Solo necesito eso, un compañero, un amigo, una persona que entienda que el feminismo no es un plan maquiavélico de nosotras para gobernar el mundo y exterminarlos a ellos. Que entienda que para avanzar, tenemos todos que remar juntos, entender de una vez, ignorar la desinformación y creer en la realidad y no en esa burbuja en la que nos enmascaramos, en la que vivimos nuestro día a día, en la que nos embobamos con el postrero olor a rancio y viejo, a desfasado, poco certero, ya lejano del patriarcado. Que sepa que, aunque formemos parte de esta rutina desmotivante y maloliente, juntos podemos cambiar nuestro mundo, podemos razonar antes de prejuzgar, podemos discutir como personas y como pareja (algo muy reconfortante cuando llega la reconciliación), incluso como futuros padres algún día.
 
Quiero un chico que me revolucione por dentro, que me haga cosquillas por fuera, que me alborote el pelo y me moje en la ducha, que entienda esta lucha, que es de todos, que no solo se mire su ombligo de hombre fuerte, que no cosifique, sexualice y, ni mucho menos, contribuya a que la mujer siga siendo una esclava del sexo, un objeto.
 
Hombres ingratos los hay a puñados, no podemos acabar con ellos, no podemos hacerles cambiar de opinión...; debemos respetarlos, eso nos dicen, tanto como ellos lo hacen con nosotras a diario. Aquellos que piropean a trozos de carne andantes para sus pestosos ojos, aquellos que pagan por recibir sexo a escondidas de sus mujeres, aquellos que violan a niñxs, que pegan a niñxs, que humillan a sus parejas mostrándolas como trofeos; aquellos necios que le exigen a ellas un respeto que no merecen ni dan, avisándolas de cómo actuar en sociedad, qué ropa llevar para no destacar; aquellos que se acogen a los sentimientos para dominar, sentenciar y silenciar.
 
Aquellos aún más necios que acosan a mujeres, que abusan de mujeres, que violan a mujeres, que maltratan a mujeres, que matan a mujeres, que esclavizan a mujeres, aquellos que siguen apoyándose en las bases del señor patriarcado, de la familia tradicional y de la supremacía del hombre sobre la mujer, haciendo de ella un florero, una puta, una guarra, una lianta, una cotilla, una mari, una… y mil formas de degradarnos, en esa ferviente misoginia que, aún hoy, la sentimos muy dentro, en la brecha salarial, en los comentarios retrógrados de compañeros y compañeras de trabajo, de amigos, de familiares, de comentarios sobre nuestra forma de conducir,
de actuar, de sonreír, de hablar, de educar a nuestros hijos, sobre nuestro escote o falda demasiado corta, sobre nuestra sociabilidad entendida como “ser sueltas de cascos”, solo por el hecho de ser mujeres.
 
Solo quiero un hombre que entienda que ser feminista no es un insulto, ni se es menos hombre por serlo, ni que se trata de estar en un bando u otro... "Ni machismo ni feminismo. Soy persona”, dicen los necios que responden con oídos sordos y ojos ciegos.
 
Que el Feminismo ya no es necesario, dicen...
 
Siento no entenderlo, siento no respetar la ignorancia que fluye a mi alrededor, la soberbia con la que hablan los que no entienden ni una papa de la mierda en la que nos andamos moviendo; gente que piensa que el mundo avanza solo, que antes esto no pasaba, que la juventud está fatal, que es idiota, malsana. ¿De dónde lo estarán aprediendo? Me pregunto yo.
 
Esa misma gente que critica desde el sofá de su casa, que se envenena y envenena a otros solo para creerse así más felices, más inteligentes, superiores, haciendo aún más evidente su triste decadencia humana.
 
Por todo esto, no estoy preparada para dejarte, para irme de ti, de lo poco bueno que veo de verdad, de tus ojos infinitos que me piden que vuelva siempre, que me piden que luchemos juntos, que no camine sola, que sí podemos serlo, que podemos creer en nosotros, en algo nuestro, en un futuro por fin sinceramente feminista, entendiendo qué significa este compromiso de por vida. Sin miedos impuestos por terceros, por la educación de mierda recibida, sin miedo a crecer juntos y por separado, de complementarnos como iguales, como seres libres a la vez que formando parte de un proyecto conjunto, sin juicios, sin chismes, sin imposiciones del “qué dirán”, viviendo sabiendo que el mundo no va a cambiar nuestro criterio, nuestra alma, nuestra razón de ser y de vivir; sabiendo que el mundo no nos va a destruir como pretenden algunos que aún viven pensando solo en sus tristes vidas dañando otras, opinando con sarna, con recelo y con asco. El mismo asco que me produce a mí solo pensarlo.
 
Porque la revolución es más emocionante contigo de la mano.
 
Por todo esto, no estoy preparada para dejarte ir.
 
Lo que no sé es si un día lo estaré. Espero que si llega, no me juzgues, no me odies, y que solo entiendas
que fuiste mi gran amor después de mí.
 
 
 
 
 
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Foto de portada: Instagram @saraherranz