Ni Radfem ni Libfem... ¡¡QFEM!!

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Por Editorial diciembre 2, 2017  más artículos

 

Que... ¿a qué viene este titular? A que queremos explicaros cómo sentimos el feminismo y dónde nos posicionamos (más o menos)

La historia del Feminismo no empezó con la Marcha de las Mujeres en contra de Trump (2016) o con el famoso movimiento #MeToo (2017), aunque para muchas de nosotras, fue exactamente ahí dónde entendimos que llevábamos demasiado tiempo perdidas. 

Os contaremos cómo entendemos el feminismo y nuestra evolución dentro de este movimiento que proporciona, a quien las quiere, unas maravillosas alas violetas

La historia del Feminismo comienza en la Revolución francesa, cuando las mujeres exigieron aparecer en la Declaración de los derechos del hombre (1792). A esta época se la conoce como feminismo ilustrado o primera ola. La segunda ola llegaría un siglo después, con las mujeres que lucharon por el derecho al voto y la igualdad económica y legislativa. Aquí hablamos de las increíbles y revolucionarias sufragistas. La tercera gran ola del feminismo, que para algunas teóricas, sería la segunda (al no incluir el feminismo ilustrado como primera ola), apareció en los años 60, centrada en atacar la raíz del problema, un sistema histórico de opresión económica, política y cultural llamado patriarcado. A esta ola debemos las mayores teóricas del feminismo. Pero, es también aquí dónde comienza a fragmentarse en distintas ramas, como la radical y la liberal. 

Si seguimos amontonando olas, hablaríamos también de la época de la revolución sexual de los 70, o de la libertad de género y la denuncia de la cosificación de la mujer de los 90. 

Desde los 70, el feminismo ya no volvería a ser uno. El feminismo de la tercera ola (o segunda), se centraba exclusivamente en la mujer blanca y occidental. Este error del pasado vendría a arreglarlo el feminismo interseccional, que defiende que no se pueden tratar cuestiones de género, raza y otras categorías sociales de forma aislada, pues están todas interrelacionadas entre sí. 

Podríamos hablar también de otra de las vertientes fuertes del feminismo, el transfeminismo, que defiende la inclusión de las mujeres trans, pues las demás ramas solo se centraban en las mujeres cis. Todavía podemos ahondar más en todo este despliegue del movimiento inicial, pues dentro del transfeminismo, también podemos diferenciar entre liberal y radical: el liberal se centra en la teoría Queer (de lo extraño), que busca la aceptación de todos los géneros biológicos fuera del binario hombre/mujer (fuera de la normatividad y de los estereotipos); y, el transfeminismo radical, en cambio, es consciente de la realidad social en la que vivimos y asume el cis sexismo (género binario hombre/mujer).

Llegadas a este punto, habiendo puesto sobre la mesa los principales feminismos, es imposible escudarse en uno, porque todos son uno. Esto es lo que parece no entrarnos en la cabeza y seguimos jugando al juego del Patriarcado, el de dividirnos y vencernos descaradamente. 

La teoría feminista es amplísima y, por suerte, no se quedó en la segunda o tercera ola, sino que continúa. En la actualidad, estamos asistiendo a la cuarta ola, una totalmente revolucionaria y distinta a las demás

Por ello, etiquetarse de radical y sentirse orgullosa por ello, o de liberal, y hacer lo mismo, va siendo ya algo que debería haberse quedado en olas anteriores. La marea violeta en la que nos hallamos ahora ha evolucionado tanto como nuestra sociedad y nuestra forma de entender el mundo, teniendo mucha culpa de esto los avances tecnológicos. Las nuevas generaciones están pidiendo a gritos otros modos de aprender y de entender la vida, de amar el feminismo que, como dijo Chimamanda, ("Todos deberíamos ser feministas"), debería ser por y para todos y todas.

El feminismo, como lo vemos nosotras, es una forma de entender la vida y de vivirla. El feminismo y sus grandes teóricas nos han proporcionado todas las herramientas necesarias para entender y combatir el sistema patriarcal que nos oprime por cuestión de género. Por eso, son tan importantes leerlas y tenerlas en cuenta para seguir avanzando con el tiempo que nos ha tocado vivir. Ellas son nuestro alma mater. 

No nacimos feministas, desgraciadamente. Nos criamos en un sistema patriarcal, el mismo que aún sigue jodiendo nuestras libertades. Nos robaron los referentes. Nos adormecieron. Tuvo que llegar el feminismo hegemónico a despertarnos. Pertenecemos al feminismo tardío, pero no por ello no hemos dejado de hacer los deberes y poner al tanto de la historia que nos precede. De ahí, nos viene nuestra admiración y respeto. 

Pero, un grupo de mujeres no puede liderar toda una lucha global feminista. Tienen que formar parte de ello, todas las mujeres, hasta las que opinen diferente a nosotras.

A nosotras, si nos miramos desde nuestra posición de mujeres cis, nos ha tocado la lotería. Somos blancas y occidentales. Sí, oprimidas, pero con privilegios si nos comparamos con los millones de mujeres que no corren la misma suerte. Esto es jodido de asimilar, mucho, pero no por ello dejamos de ver que necesitamos remar todas juntas a una, pues es la única manera de combatir la lacra machista y de hacérselo ver a ellos. Porque ellos, los hombres, no son el enemigo, ni son violadores en potencia. Joder, son personas, como nosotras. Por encima del género, de la visibilización y de todo lo demás. Por encima de todo, somos PERSONAS. Y el Feminismo debe apostar por esto, por buscar una alianza fuerte que nos ayude a acabar con el problema de raíz. 

Para ello, necesitamos mucha EDUCACIÓN Y EMPATÍA. Mucho RESPETO Y DIÁLOGO. Si solo arremetemos las unas con las otras y con los otros, si solo nos amparamos en el discurso del odio, desde fuera, se ve todo muy feo y muy fracturado. Demasiado. Las brechas parecen insalvables y el feminismo como tal parece irse a la mierda.

El feminismo lucha para acabar con un enemigo común, tanto para hombres, como para mujeres, que nos jode a todos y nos divide y enfrenta, nos alimenta de odio y violencia: el machismo y la raíz del mismo, el patriarcado

Ahora, lo único que parece valer es el feminismo pop, el de revista, el considerado, el que no se extralimita. Pero, este feminismo tampoco es malo, sino todo lo contrario. Este feminismo ha conseguido abrirle los ojos a toda una generación de jóvenes y ver que el movimiento no era tan malo ni tan extremista ni tan del siglo pasado. 

Es, por ello, que esta cuarta ola no puede quedarse estancada en el odio, en la fracturación y en medir nuestras fuerzas. Tenemos que remar juntas ahora más que nunca, con todo lo que hemos heredado, y ampliar el mensaje feminista a todos los ámbitos y a todas las ideologías. Sin etiquetas. Sin rencores pasados. Con actitud. 

Pero, para llegar a este punto de concordia, hay que ser conscientes de los fallos, rectificar, y seguir adelante con la lucha, sin tapar una lucha en favor de otra. Todas pueden ser válidas sin discriminación. Todas pueden sumar y hacernos aprender paso a paso. 

Sumar en lugar de enfrentar

La lucha feminista tiene un recorrido histórico que urge dar a conocer, un recorrido que nos ha abierto puertas a una nueva sociedad y que lo sigue haciendo. La cuestión femenina debería ser entendida, respetada y amada por todas las personas. La Historia nos negó nuestro lugar en ella y ahora debemos exigir que se conozca para que las nuevas generaciones nazcan libres de estereotipos y fuertes de pensamiento. Para ello, es necesario que el mensaje llegue a todos y todas. Solo con nosotras, en nuestros espacios seguros, ya hemos comprobado que no es suficiente. Ahora, en esta cuarta ola, tenemos la oportunidad de evolucionar como sociedad feminista al completo, donde las personas se sientan iguales en derechos y libertades, sin cuestionar su género. 

Qué bonito sería todo, si lo consiguiéramos. Sin cuestionar el género. Sin vivir con el rol impuesto. Sin sufrir la violencia patriarcal que nos asfixia... 

No nos cerremos a no mirar más allá. No nos cerremos a no cuestionarlo absolutamente todo y a escuchar todas las voces, por discordantes que sean con las nuestras. Sin diálogo no hay avance. 

La sociedad machista nos anula a todos y todas, crea conflictos, violencia, odio, discriminación, explotación. La sociedad cispatriarcal (dentro del rol binario hombre-mujer) nos limita como seres humanos. Y, a este punto, habrá quien se ría con las nuevas terminologías. Lxs jóvenes se ríen de nosotras por no entederlxs. Podríamos hacer el esfuerzo y aprender también de ellos y ellas. Son una fuente inagotable de conocimientos actuales. 

El feminismo avanza, el feminismo es global e increíble. Pero, también es muy diverso. Por eso, no renunciamos a ninguna vertiente. Todas son necesarias y hay que conocerlas y escucharlas. No por ello, nos vamos a cerrar en banda en una. Esto solo puede crear frustraciones muy graves. En serio. No es saludable. El odio se alimenta justamente de esto. 

El feminismo es la clave para identificar, mediante nuestras increíbles alas violetas, todas las actitudes machistas que perpetúan el patriarcado. Nuestro cometido como feministas convencidas, es informar a toda la sociedad, no solo a una parte que ya lo tiene claro

Tenemos que llegar a los y las que alimentan esa sociedad machista, la mayoría de las veces, por desconocimiento, porque viven en ella cada día y sigue perpetuándose a través de la educación, los medios de comunicación, la publicidad, el lenguaje... Casi imperceptibles, pero ahí, jodiendo y creando a hombres violentos y con aires de superioridad y a mujeres débiles y sumisas. El machismo sigue haciéndose fuerte en la juventud, y si no vamos a la raíz, o sea, a la Educación, estamos perdidos y perdidas. 

Para llegar a la sociedad que todas las personas con un sano juicio ansían, debemos entender y analizar conscientemente la sociedad que hemos creado y la que seguimos perpetuando casi sin querer. Tenemos que ser conscientes de que el cambio no llega de la noche a la mañana, necesitamos años de trabajo, de deconstrucción de toda una población infectada de asqueroso machismo, inyectada en nuestro ADN cultural, por los siglos de los siglos...

Mientras conseguimos avanzar como sociedad, no estaría mal que nos dejaran de matar, de violar y de abusar de nosotras en todos los ámbitos. No estaría mal que dejaran de mutilar nuestros genitales. No estaría mal que no nos obligaran a casarnos siendo niñas. No estaría mal que dejaran de cosificarnos y tratarnos como objetos para el consumo de los hombres. No estaría mal que nos dejaran de explotar laboral y sexualmenteNo estaría mal que nos dejaran de maltratar y tratar como una posesión o como inferiores. Todo ello, y mucho más que es lo básico que pedimos para vivir en sociedad, se debe reflejar desde la Educación, la educación en las escuelas, en la familia, en los medios, en el cine, y hasta en la pornografía. Una representación pública y equitativa de las mujeres en la sociedad, en igualdad de derechos, en igualdad de oportunidades y de libertades. Sin tener que ser juzgadas por todo lo que decimos, hacemos, vestimos o actuamos. No queremos que se nos acose sexualmente, no queremos que se trafique con nosotras, no queremos todas aquellas desigualdades que sufrimos cada día las mujeres por el hecho de ser mujeres, y como mujeres lo defendemos. Pero, también como mujeres defendemos al resto de personas que viven en esta sociedad y que también deben formar parte del cambio para que este sea efectivo y duradero. Y, la raíz para solucionar este embrollo, la raíz para acabar con la raíz, no está en otro lugar que en la Educación. 

El feminismo es todo lo que necesitamos para acabar con el machismo y el patriarcado. Pero, si no actuamos realmente desde la raíz del problema, o sea, desde la Educación, va a seguir sirviendo para nada que yo te explique desde mi sillón de casa que las feministas queremos luchar por esto o por aquello, o prohibir esto otro. PROHIBIR NO ES EDUCAR. Vayamos por pasos

Queremos Educación, básicamente. Feminismo educacional si lo queréis llamar así. La etiqueta nos da exactamente igual. Es ir en contra del machismo en todas sus facetas, básicamente. A ver quién no se apunta a esto. La publicidad, la industria del cine, la cultura, la política, así como todas las grandes industrias están dominadas por hombres que nos han convertido en sumisas, en acatadoras de normas y leyes, en productos de consumo. La educación, desgraciadamente, implantada y dirigida por los mismos incautos, también peca desde su base de la misma tiranía. 

Aunque, afortunadamente, los roles han ido cambiando a lo largo del tiempo y, actualmente, la gente cada vez está más concienciada y comprometida en romper con estos estereotipos, seguimos viviendo en una sociedad machista en la que hay que seguir luchando para alcanzar la igualdad. Por ello, cambiar estos estereotipos es cosa de todos y se debería hacer en todos los ámbitos desde la infancia.

Desafortunadamente, seguimos siendo presos y presas de la presión social, valga la redundancia. La pescadilla que se muerde la cola y lo que hace agotadora esta lucha en muchas ocasiones

La sororidad es una práctica personal, intelectual y política. Es la conciencia de que, por encima de las diferencias de todo tipo existentes entre las mujeres, hay una opresión común por el hecho de ser mujeres (cis y trans).

Es, por ello que la sororidad es nuestra meta, nuestro objetivo, tal vez una utopía, opinarán muchos y muchas, pero sobre todo, es nuestra esperanza.

Pero, ni de lejos la practicamos. Lo hacemos mal entre nosotras, una de las primeras premisas con las que juega el Patriarcado, “divide y vencerás”. Nos separa a las mujeres y nos convierte en rivales y seguimos cayendo en su juego, cuando nos atacamos por no pensar o ser lo que se espera de nosotras.

Somos feministas, por si a alguien no le ha quedado claro. Porque somos mujeres y luchamos por nuestros derechos, por hacer visibles a las mujeres, por enseñar los valores necesarios en una sociedad feminista, libre de machismo, el puente a la sociedad del futuro, libre de roles, estereotipos y géneros 

Somos mujeres a las que nos gustaría vivir en armonía con la otra mitad sin relaciones de poder de por medio. Mujeres que podamos expresar nuestra opinión, guste más o menos, y las de los demás, aunque también nos guste más o menos, sin que nadie venga a cohartar a alguien o a anular nuestro derecho a expresarnos. Somos feministas y no tiene que venir nadie a decirnos si somos o no feministas o pseudofeministas.

Todos y todas juntas por un cambio social auténtico, pues el sujeto político somos todos y todas

Feminismo, ¿por qué? Porque aprendimos que el feminismo busca esa equidad, esa libertad, ese rechazo al odio, a combatir sumando, no enfrentando.

Nos abanderamos en el feminismo porque estamos en nuestro derecho, pero ante todo, buscamos la cuestión femenina. Buscamos cuestionarnos desde nuestra perspectiva de mujeres el mundo al completo. Y, como no, buscamos hacer de la cuestión femenina una cuestión interesante y necesaria también para ellos.

Pero, vamos más allá porque el Feminismo sin Educación no va a ninguna parte. Si no atacamos esta raíz antes que ninguna, no acabamos con el patriarcado en la vida. 

Es aquí donde más debemos actuar, en la Educación, en cambiar la visión machista, en enseñar en las escuelas educación sexual y educación en valores de verdad. Se trata de dar visibilidad al mundo que nos rodea para que llegue al mismo punto todo el mundo, para que todos y todas nos lo cuestionemos.

No queremos que la sociedad nos tache por ser feminista, queremos que la sociedad sea feminista

Al feminismo le queda mucho camino. Pensad que el machismo lleva por este mundo 21 siglos. O sea, que no cantemos victoria. Seguimos en pañales. O, como mucho, viendo el panorama, en la etapa de adolescentes rebeldes

Sin embargo, no debemos, por ello, recaer o desmoralizarnos. La adolescencia puede llegar a ser una etapa maravillosa. Una etapa para conocerse, para crecer, para vivir y errar, para aprender de nuestros errores y discernir lo que está bien de lo que no, alimentando nuestro espíritu críticoaunque no siempre sea lo más correcto de cara al mundo hipócrita que nos rodea.

Se trata de reimaginar el mundo sin el patriarcado y luchar contra las injusticias que existen a causa de las instituciones patriarcales

Si la solución para acabar con el machismo es que los hombres luchen en el feminismo, que puedan expresar sus emociones de forma libre, que puedan cuestionarse su sexualidad sin miedo, para que disfruten del sexo totalmente consentido con una mujer o con quien les dé la gana... Si la solución para romper con los estereotipos es hacer ver que cada uno y una tiene la libertad de vestirse como quiera y expresarse como guste... Si la solución está en enseñar a los más jóvenes que el cuerpo de una mujer no es un objeto sexual, y así se deje de considerar al hombre como un animal irracional incapaz de controlar sus propias acciones y deseos... Si esa es la solución, si la solución es la Educación, ¿por qué no lo exigimos? Si atacamos aquí, se desmonta todo. Dejaría de ser necesario prohibir. 

Y, así, pensando y preguntándonos tanto, con este nombre tan bonito que nos precede como marca, se nos ocurrió, en un lapsus de lucidez, sentirnos QFem (qúfem, pa que se entienda). Sí, puede sonar a parida, pero llamémoslo feminismo educacional o feminismo questional, lo que buscamos es acabar con las luchas internas y externas al movimiento y remar todas juntas y juntos como sociedad igualitaria. Así que, seguimos aquí, abrazando nuestro feminismo, mostrando nuestra realidad diversa y plural, contradictoria, en ocasiones, como la vida misma. Porque nada es blanco o negro, y creemos que son muchas las mujeres que se sienten igual a nosotras, que lo ven de esta manera, y que comprenden y respetan la gama de grises que es impresionantemente amplia y diversa. Cuando esto ocurre, llegas a dar con el arcoiris gracias a tus alas violetas.

En nuestro feminismo ideal, el questional, damos cabida a todas las mujeres, cis y trans, liberales y radicales, como les dé la gana de ser. Exponiendo sus preocupaciones y sus formas de entender el mundo, intentando llegar a puntos en común que hagan la realidad más justa. No tenemos que sentirnos mal por cómo pensamos ni sentirnos censuradas por aportar visiones que pueden ser más complementarias, si lo hacemos ver, que contradictorias. Por dar pie al diálogo y al debate de las personas menos expertas en el feminismo de manual, pero no por ello menos válidasY dejar de dividir a la sociedad en odios y egos. 

Nunca llueve a gusto de todos y todas. Nosotras vemos así la vida y la mostramos así. Ya sabemos que ir a contracorriente, a veces puede no gustar, al igual que ser contradictorias. Pero, ya sabemos que no todo es blanco o negro

Q (Pilar) y Fem (Jessi)

 

 

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