Yo también te odio

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Por María Fernández febrero 21, 2018  más artículos

 

Hablar de odio es hablar de ti.

Recordar todo lo que me has hecho, haces y harás sufrir es recordar esa mala sensación, porque no eres gracioso ni inofensivo.

Eres un asesino.

En realidad, sí importa; ese gesto, ese comentario, ese silbido…

Claro que importa.

En realidad, no tiene ni pizca de gracia.

Nos dicen que lo dejemos pasar, que tan solo han sido palabras y que luego se la cascará en su casa.

Y la verdad es que piensas en qué podrías haber hecho realmente contra eso. ¿Contestar? ¿Insultarle? ¿Pasar de él? ¿Dejarle mal?

Acabas por darle la razón a esa persona que, simplemente, te afirma que no pasa nada.

Y vuelves a aguantarlo otro día, y otro más…

Y así hasta que se creen en el derecho de poder hacer algo más que comentarios obscenos.

Entonces sí pasa algo.

 

Y, “¿dónde está el límite?”, nos preguntamos.

Pues lo cierto es que nosotras hemos omitido ese límite mientras que ellos ya lo han traspasado, y ahí es cuando te das cuenta de que realmente sí importa, que la persona que te dijo que lo dejaras pasar y que no era nada, no tenía razón.

La historia se repite siempre que ellos quieren, y cada año quieren matar unas 48-50 veces.

Después, hablamos de “presunto asesino”, “ha aparecido muerta”, “no se defendió”, “ella no denunció” …

Y se supone que nos tenemos que tragar toda esa falacia.

También la del príncipe azul que nos salva y hace felices para toda la vida (y comieron perdices al final de la historia, claro).

Y tragarnos toda esa estructura tan bien montada por el patriarcado, esa que se hace llamar “rol de género”.

Al final, acabas por romper las hojas del cuento y crear tu propia historia.

Hablar de odio es hablar de la impunidad machista.

Recordar todo lo que miles de mujeres han hecho, hacen y harán para acabar con esto, es el orgullo de ser luchadoras.

Porque somos unas guerreras, y ganar cada vez más batallas acabará por darnos la victoria en la guerra.

 

 

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Foto de portada: pinterest