¡Hasta el C***!

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Por Q noviembre 18, 2017  más artículos


¿Alguna vez habéis discutido sobre temas varios con vuestra pareja (chico heterosexual para que entendáis mejor la situación), padre, hermano u otro ser del mismo género y os han saltado con el feminismo (de las narices, según él o ellos)? Pues si la respuesta es sí, me alegro, no por los malos rollos, sino por no ser la única y no sentirme sola con mis ralladas mentales... Antes de seguir os dejo esta maravilla con la que nos identificamos muchas de nosotras.

 

Siempre he discutido con todas mis parejas y con el mundo en general cuando voy a contracorriente (a menudo, por cierto). Discutimos por muchas cosas, por lo que echan en la tele, por el chiringuito de las narices, por la play, por sus privilegios patriarcales, por las injusticias del mundo (típica frase, no podemos hacer nada, ya cambiarán las cosas por sí solas), por las opiniones contrarias en las cosas más básicas, en fin, lo que es llevar la contraria por todo porque cada uno de nosotros parecemos tener la puta verdad absoluta de todo.

Pues, como os iba diciendo, que me lío, cada vez que discuto con él, maravilloso hombre (una cosa no quita la otra), me salta con el feminismo. Hay otros hombres que también me saltan con el feminismo, si son de mi familia, pues venga, se les deconstruye, pero cuando son de fuera, me contengo, respiro y sigo con mi vida. Hasta el día que explote. No digo más.

Y no es que ahora me haya leído la guía completa del feminismo y me haya transformado en una especie de tirana con látigo (bueno, esa imagen hasta puede que le guste), sino que siempre, y digo, siempre, para bien o para mal, he sido así y he tenido un carácter... como me decía mi madre (¡Ay, hija, qué carácter tienes!). Pues sí, lo tengo, y en momentos puntuales no lo puedo retener, campa a sus anchas acompañado del señor Rencor y del señor Odio, que menudos son los dos amigos. Y me sale un "Capullo" y me quedo tan pancha. Que no debería, pero me sale, y no me sale por ser feminista...

Antes se llamaba “carácter” o “mis santos cojones”. Sí, ya sé que esto no suena muy feminista, pero es que cuando comencé a hacer mía esta expresión no sabía ni qué era el feminismo (ni en la escuela ni en la universidad me hablaron de él). Después, con los años, he entendido que el feminismo es justamente eso, llamémoslo carácter, cojones (qué le vamos a hacer, soy hija del patriarcado, aunque ya deshederada), ovarios (si os gusta más) o, simplemente, “no me ningunés”, “no me digas lo que tengo que hacer”, “qué ponerme” o “cómo actuar”, pues no soy una señorita ni lo he pretendido nunca. Y así siempre he defendido mis derechos y no he dejado que ningún idiota me imponga sus normas. 

Soy una mujer (es el género con el que he nacido y, bueno, nos hemos adaptado bien desde siempre, así que total, con él me moriré), libre, independiente y totalmente consciente de la mierda de mundo falso que me rodea, del machismo imperante en absolutamente todas las facetas de nuestras vidas, algo con lo que vivo cada día, en la televisión, en las redes, en los grupos de whatsapp, en la calle, en las familias; y lo vivo con rabia, con frustración porque veo cómo mueren mujeres, mujeres que han tenido menos suerte que yo en la vida y se han topado con un desgraciado que les ha jodido, mujeres a las que no creen, a las que juzgan por un delito que se ha cometido contra ellas. Esto, inevitablemente, si sientes por ellas lo que siento yo, lo que deberíamos sentir todas y todos, te hace rebelarte al mínimo ápice de machismo asqueroso que identifiques a tu paso, de comentario soez o de broma "sin querer hacer daño a nadie". Pues sí, todo hace daño porque "no solo duelen los golpes"

Yo vivo con esto cada día y llevo años aguantándolos, en la calle, en el trabajo, en la cola del metro, en el bar con los amigos, teniendo que salir a defender a una de las nuestras, teniendo que denunciar actitudes machistas que no nos ayudan, que nos hacen retroceder, pero que me diga o digan que si tengo un carácter o si me salgo del tiesto “por mi feminismo” y llevarlo a usarlo como insulto o pensamiento inadecuado por el que avergonzarme añadiéndole el calificativo de “radical” o “feminazi” (según el tono de la discusión más seria o más jocosa, "a ver si te vas a convertir en una de ellas"), creo que ya es rizar el rizo y mezclar churras con merinas (qué gracia me han hecho siempre estas expresiones populares).

Pues nada, hasta las narices. Así estoy. Y vosotras leyendo esto pensaréis hasta otra parte de vuestro cuerpo de la que estáis, y os entiendo perfectamente, pues paso por eso a menudo, y desde que el feminismo “se ha puesto de moda” (otro de los comentarios estrella de estas personas que intentan atacar por ahí), pareciera que antes éramos angelitos traídos del cielo y, de repente, una hiena se hubiera posado a nuestra vera y nos hubiera chupado la energía y transformado en otro ser demoníaco.

Pues va a ser que no. Soy la misma que hace tres años, diez y hasta veinte cuando no sabía qué coño era el feminismo. Ala, ya lo he soltado. Antes soltaba, desgraciadamente, lo que el resto de la gente ignorante que aún no lo entiende: "unas locas", "algo por lo que ya no hay que luchar porque ya existe la igualdad"... ¡Pobre de mí! Lo que sí tenía ya claro era qué significaba machismo, aunque también reconozco que no lo identificaba con la misma maestría que ahora con mis preciosas gafas moradas.

Al final todo se arregla y llegáis a un punto de entendimiento (al menos con los hombres a los que tienes aprecio) porque en eso se basa todo tipo de relaciones, y terminan acudiendo al término "Igualdad". Y ahí es donde te das cuenta de que toda la discusión en la que ha salido el término feminista a relucir como algo negativo se reduce a que lo usan porque no tienen otra manera de entender nuestra rabia y frustración por todas aquellas que sufren por actos violentos que se les tiñe de normalidad día tras día hasta que ya no hay remedio para la víctima, hasta que nos humillan, nos acosan, nos discriminan y nos metemos todas porque en uno u otro momento de nuestras vidas nos ha pasado o puede pasarnos.

Al final, ellos también se implicarán, poco a poco, verán lo mismo que ves tú aunque lo tomen más como un juego a lo “quién es quién”, pero tú sabes que es parte del camino de deconstrucción que todos pasan en mayor o menor grado. Ellos lo tienen muy jodido. Tienen que desprenderse de muchos privilegios, pero aprenden, digo que si aprenden. No les queda otra. A veces se intentan rebelar porque se sienten ofendidos, aunque cuando hables de acabar con el patriarcado y todo lo que representa no signifique literalmente acabar con la otra mitad de la población. Después, en alguna discusión, cuando tu feminismo salga imperante a ponerte en tu sitio, él o ellos (son muchos aún por desgracia) lo aprovecharán para echarle las culpas de lo poco señorita, diplomática y razonada que eres a causa de tus inclinicinis fiministis, ñi, ñi, ñi. Y tú, tranquilamente, los volverás a mandar a la mierda. Bueno, y porque ya no me voy a poner a relatar mis discusiones con hombres sobre otros temas externos al feminismo, como el independentismo, la homofobia o la islamofobia. Pues nada, ellos mezclan siempre... Ñi, ñi, ñi. 

Sí, hasta el coño de tener que aguantar tantas idioteces, tanto odio, hasta el coño de recibir piropos que me cosifican, de ver cosificación y más cosificación en la publicidad, en la música, en el cine, sexualización continua de nuestros cuerpos, que tengamos que estar justificándonos ante todo el mundo, dando explicaciones si no aceptamos lo establecido. Sí, tú haz lo que tú quieras, sois libres, pero después te destrozan la vida si haces lo que quieres, luego se toman licencias de más cuando paseas por la calle, cuando es de noche, cuando llevas una falda, cuando,... siempre hay un cuando y un asqueroso por qué... ¡Patriarcado! 

Pero que no se confundan, no es el feminismo de libro que creen que te han inculcado lo que te hace saltar a la defensa de las mujeres y nuestros derechos fundamentales, eres tú y tu gran y potente carácter, el que sale a combatir contigo cuando se tercia, cada vez que te tocan a ti o a tu increíble poder para ponerte en tu sitio y no achicarte ante ninguna situación. Tienes que estar preparada. Es tu fuerza de mujer que siempre ha estado ahí y que ahora se reafirma aún más con esta mágica palabra y todo lo que lleva detrás. A veces, te desanimarás por todas las manadas que andan sueltas y por todos los aliados del vil patriarcado, pero, Hermana, no decaigas.

 

"Decirle a una mujer que está obsesionada con el feminismo es como decirle a alguien que se está ahogando que está obsesionado con nadar." Dianne Padilla

 

Ah, y "soy bastante agraciada o femenina hasta para ser feminista..." Otro comentario de mierda que se pueden meter por el culo más de uno y de una, y que se miren los caretos y los cocos para ver si entran dentro de lo normal, y si no, por Diosa, que pongan remedio rápido que, como dicen ellos, “lo normal es lo que debe imperar”. Mejor no piensen y así seguro que no se salen del parámetro bien establecido. Bueno, y cuando los comentario vienen de mujeres como yo, ahí sí que dan ganas de levantar el dedito.

Las palabrotas y la mala educación también venían en el paquete inicial (he intentado ser comedida desde el título, pero al final se me va, me doy miedo cuando salgo de la jaula, ja ja ja). Esa expresión, precisamente, sí me la enseñó el Feminismo... el de mi querida Srta Bebi. ¡Joder, y qué bien se queda una cuando suelta toda la mierda y sale a volar!

 

Seguiremos luchando para que se nos oiga

#LaManadaSomosNosotras

La Revolución será feminista o no será

Y ellos, los hombres buenos, podrán acompañarnos, pero que espabilen y difundan el mensaje en sus espacios, ¡leches!

Que dejen sus privilegios a un lado y abandonen el Patriarcado

 

 

Y para los que no se quieran enterar... ¡Hasta nunquiiii!!

 

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Foto de portada: pinterest