¿Qué significa este 8M para todas las mujeres?

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Por Q marzo 7, 2018  más artículos

 

Significa un avance, un logro más, una voz conjunta por un cambio auténtico

 

Para ello, todas debemos abrazar una palabra que tan bien representa este movimiento social, la sororidad. La sororidad no es más que apoyarnos entre nosotras, sumar y vencer así el sistema patriarcal que nos define desde que nacemos. El día de la mujer es celebrado actualmente en todo el mundo el 8 de marzo, pero muchas personas no saben que su historia está manchada de muertes, injusticias y la ardua lucha por obtener unos derechos que nos fueron arrebatados por ser mujeres. El 8 de marzo de 1875, en una fábrica de textiles en Nueva York, cientos de mujeres trabajadoras realizaron una marcha contra los bajos salarios. Estos eran menos de la mitad de lo que los hombres ganaban. La marcha terminó con la vida de 120 mujeres debido a la fuerza de la policía. Después de este suceso, las trabajadoras fundaron el primer sindicato femenino y, posteriormente, comenzaron marchas en otros lugares del mundo.

 

Los políticos y políticas de este país aún se andan cuestionando la necesidad o no de la huelga feminista del 8M, hablan de cuotas, del techo de cristal, de la brecha salarial, de la terrible violencia machista que mata a las mujeres por el hecho de ser mujeres, de la invisibilidad de los méritos de nuestras deportistas femeninas, etc. Hablan de datos y más datos. Todas ellas razones válidas para acudir en masa a la huelga de este año, pero no necesitamos datos, necesitamos acciones por su parte. Acciones reales.

Mientras apuntan datos, se olvidan de algo, se olvidan de la persistente raíz patriarcal que nos invade e inmoviliza a todas y todos y que comienza desde los inicios de cada ser humano. Desde los roles de género que nos aplican a niñas y niños desde que nacemos, pasando por los juguetes y los dibujos animados de los más pequeñ@s hasta llegar a la etapa educativa en la que empiezan a empaparse de todos los logros del ser humano, o del Hombre en mayúsculas, del progreso humano, de la ciencia, la filosofía, la literatura. Hombres y más hombres. ¿Y las mujeres? No hay, no existen. Cuidaban de los grandes hombres, se encontraban siempre detrás de ellos, como nos recuerda el dicho popular que tod@s tenemos en mente (detrás de un gran hombre...). Sí, siempre en la sombra, hasta ahora.

Este 8M es el día para reivindicar nuestro lugar en el mundo

 

Una Marie Curie o una Santa Teresa de Jesús serán algunas de las grandes mujeres que conoceremos durante nuestro aprendizaje en la escuela, una etapa que llega hasta nuestra madurez. Todas las grandes figuras femeninas que han existido en nuestra Historia y que siguen poniendo el acento serán invisibles en nuestro sistema educativo hasta que el sistema patriarcal no dé un vuelco de 360 grados. Por ende, tendremos que ser nosotras y nosotros quienes busquemos esa información, quienes leamos más allá de los contenidos aburridos y sesgados que nos enseñen en los libros de texto que tan ardua nos hacen la labor de aprender y motivarnos. Tendremos que aceptar tamaña responsabilidad en pos de un futuro mejor, de un conocimiento mayor que nos dé el poder necesario para acabar con las injusticias que aún hoy en día llenan los titulares.

Si nos enseñan una visión del mundo sin mujeres, un mundo repleto de protagonistas masculinos que realizan grandes descubrimientos y hazañas para la humanidad, nos están enseñando un mundo en el que la mujer no cuenta. Es un complemento. Y uno tras otro se perpetúan los chistes malos, los malos gestos y las connotaciones negativas de lo femenino.

Si pretendemos una sociedad real de roles compartidos, exenta de violencia de género, de brecha salarial y de discriminación de cualquier tipo, podríamos comenzar por rascar muy profundamente en la raíz del problema y obligar a toda la sociedad a avanzar en una responsabilidad colectiva con un mensaje claro y unitario de libertad, democracia, igualdad y respeto para todas las personas, mujeres y hombres en igualdad de condiciones, derechos y libertades.

¿Por dónde comenzamos? Desde mi posición, atacaría de pleno a los libros de texto, inútiles, sesgados y poco motivadores. Exigir un contenido de calidad con nuevas directrices educativas exentas de sexismo. Y ya que nos metemos de lleno en la Educación, en la verdadera base que debe ser modificada desde sus cimientos, una formación en género para el profesorado y una educación feminista real nos allanaría muchísimo el camino. Si a esto le sumanos la creación de talleres y charlas continuadas para las alumnas y alumnos sobre educación sexual, violencia machista, igualdad, visibilidad de la mujer en la Historia, etc, lograríamos incentivar mucho más su curiosidad, interés y, sobre todo, el respeto entre iguales, entre todos y todas. O sea, es solo aplicar las acciones reales que están ahí, encima de la mesa de los dirigentes, de las propuestas que no terminan de calar, que se quedan ahí, en propuestas. Por esto, ¡Basta! ¡Paramos! Paramos todas las mujeres para que esto pueda llegar a ser posible antes que tarde.

 

Somos la mitad de la población. Si nosotras paramos, el mundo se para

 

El mensaje debe seguir calando, debe seguir llegando a toda la sociedad, debemos eliminar la brecha salarial, los techos de cristal, la violencia de género, el acoso sexual. Deben ser castigadas todas estas injusticias y debe ser implantada, de una vez por todas, una educación de verdad, libre, gratuita y feminista, colmada de referentes femeninos que animen a nuestras niñas a querer ser grandes mujeres, a querer crecer como personas realizadas, maduras e independientes. Fuertes y libres. Una educación que ataque de lleno la violencia, que la rechace y que trabaje con la empatía y la creatividad mano a mano. Por ello, el mensaje de este 8M es fundamental, es necesario y debe pasar de madres a hijas, de profesoras a alumnas. Es una responsabilidad de todas, no solo de las asociaciones o de los sindicatos, hacer llegar esta gran Voz a todo el planeta.

Son muchos los cambios pendientes, una reforma laboral que iguale sueldos, puestos de poder y responsabilidades. Horarios más flexibles para todos, para conciliar de verdad la vida familiar y la laboral, para vivir dignamente. No pedimos un imposible, exigimos una realidad que nos llega tarde, pero que llegará, no me cabe la menor duda. 

 

¡Nosotras Paramos!

 

Demostrar que sin las mujeres se para el mundo y conseguir que se las deje de tratar como ciudadanas de segunda es lo que exige la Comisión 8M. Otro de los objetivos es visibilizar la labor primordial de las mujeres en estos ámbitos: "Las mujeres participamos en todos los espacios de la vida, realizamos los trabajos esenciales para que la sociedad funcione, un 90% de los cuidados y las excedencias corren a nuestro cargo, así que sin nosotras ni se produce ni se reproduce". Lo que se busca es, en definitiva, "mostrar las desigualdades que viven las mujeres, denunciar las situaciones de machismo, la violencia machista y la brecha salarial, que hoy en día es de un 23%".

 

Sí, por todas estas razones, y por alguna más que me habré dejado en el tintero, todas debemos parar este 8M y abrazar la sororidad en una alianza real entre las mujeres

Manifiesto 8M

JUNTAS SOMOS MÁS. Cada 8 de Marzo celebramos la alianza entre mujeres para defender nuestros derechos conquistados. Fue la unión de muchas mujeres en el mundo, la que consiguió grandes victorias para todas nosotras y nos trajo derechos que poseemos hoy. Nos precede una larga genealogía de mujeres activistas, sufragistas  y sindicalistas. Las que trajeron la Segunda República, las que lucharon en la Guerra Civil, las que combatieron al colonialismo y las que fueron parte las luchas anti-imperialistas. Sin embargo, sabemos que aún no es suficiente: queda mucho por hacer y nosotras seguimos luchando.

La sororidad es nuestra arma; es la acción multitudinaria la que nos permite seguir avanzando. La fecha del 8 de marzo es nuestra, internacional y reivindicativa. 
Hoy, 8 de Marzo, las mujeres de todo el mundo estamos convocadas a la HUELGA FEMINISTA.

Nuestra identidad es múltiple, somos diversas. Vivimos en el entorno rural y en el entorno urbano, trabajamos en el ámbito laboral y en el de los cuidados. Somos payas, gitanas, migradas y racializadas. Nuestras edades son todas y nos sabemos lesbianas, trans, bisexuales, inter, queer, hetero… Somos las que no están: somos las asesinadas, somos las presas. Somos TODAS. Juntas hoy paramos el mundo y gritamos: ¡BASTA! ante todas las violencias que nos atraviesan.
¡BASTA! de agresiones, humillaciones, marginaciones o exclusiones. Exigimos que el Pacto de Estado contra las violencias machistas –por lo demás insuficiente– se dote de recursos y medios para el desarrollo de políticas reales y efectivas que ayuden a conseguir una sociedad libre de violencias contra las mujeres y niñas. Denunciamos la represión a quienes encabezan la lucha por los derechos sociales y reproductivos.
¡BASTA! De violencias machistas, cotidianas e invisibilizadas, que vivimos las mujeres sea cual sea nuestra edad y condición. QUEREMOS poder movernos en libertad por todos los espacios y a todas horas. Señalamos y denunciamos la violencia sexual como expresión paradigmática de la apropiación patriarcal de nuestro cuerpo, que afecta de modo aún más marcado a mujeres en situación de vulnerabilidad como mujeres migradas y trabajadoras domésticas. Es urgente que nuestra reivindicación Ni una menos sea una realidad.

¡BASTA! De opresión por nuestras orientaciones e identidades sexuales! Denunciamos la LGTBIfobia social, institucional y laboral que sufrimos muchas de nosotras, como otra forma de violencia machista. Somos mujeres y somos diversas.

¡MUJERES LIBRES, EN TERRITORIOS LIBRES!

Somos las que reproducen la vida. El trabajo doméstico y de cuidados que hacemos las mujeres es imprescindible para el sostenimiento de la vida. Que mayoritariamente sea gratuito o esté devaluado es una trampa en el desarrollo del capitalismo. Hoy, con la huelga de cuidados en la familia y la sociedad, damos visibilidad a un trabajo que nadie quiere reconocer, ya sea en la casa, mal pagado o como economía sumergida. Reivindicamos que el trabajo de cuidados sea reconocido como un bien social de primer orden, y exigimos la redistribución de este tipo de tareas.

Hoy reivindicamos una sociedad libre de opresiones, de explotación y violencias machistas. Llamamos a la rebeldía y a la lucha ante la alianza entre el patriarcado y el capitalismo que nos quiere dóciles, sumisas y calladas.

No aceptamos estar sometidas a peores condiciones laborales, ni cobrar menos que los hombres por el mismo trabajo. Por eso, hoy también hacemos huelga laboral.

Huelga contra los techos de cristal y la precariedad laboral, porque los trabajos a los que logramos acceder están marcados por la temporalidad, la incertidumbre, los bajos salarios y las jornadas parciales no deseadas. Nosotras engrosamos las listas del paro. Muchos de los trabajos que realizamos no poseen garantías o no están regulados. Y cuando algunas de nosotras tenemos mejores trabajos, nos encontramos con que los puestos de mayor salario y responsabilidad están copados por hombres. La empresa privada, la pública, las instituciones y la política son reproductoras de la brecha de género.

¡BASTA! de discriminación salarial por el hecho de ser mujeres, de menosprecio y de acoso sexual en el ámbito laboral.

Denunciamos que ser mujer sea la principal causa de pobreza y que se nos castigue por nuestra diversidad. La precariedad se agrava para muchas de nosotras por tener mayor edad, ser migrada y estar racializadas, por tener diversidad funcional o una imagen alejada de la normatividad. Reivindicamos que nuestra situación laboral nos permita desarrollar un proyecto vital con dignidad y autonomía; y que el empleo se adapte a las necesidades de la vida:  el embarazo o los cuidados no pueden ser objeto de despido ni de marginación laboral, ni deben menoscabar nuestras expectativas personales ni profesionales.

Exigimos también las pensiones que nos hemos ganado. No más pensiones de miseria, que nos obligan a sufrir pobreza en la vejez. Pedimos la cotitularidad de las pensiones y que el tiempo dedicado a tareas de cuidado, o que hemos desarrollado en el campo, sea reconocido en el cálculo de las pensiones al igual que el trabajo laboral y luchamos  por  la ratificación del convenio 189 de la OIT que regula el trabajo doméstico.

Gritamos bien fuerte contra el neoliberalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas. Las mujeres tenemos un papel primordial en la lucha contra del cambio climático y en la preservación de la biodiversidad . Por eso, apostamos decididamente por la soberanía alimentaria de los pueblos. Apoyamos el trabajo de muchas compañeras que ponen en riesgo su vida por defender el territorio y sus cultivos. Exigimos que la defensa de la vida se sitúe en el centro de la economía y de la política.

Exigimos ser protagonistas de nuestras vidas, de nuestra salud y de nuestros cuerpos, sin ningún tipo de presión estética. Nuestros cuerpos no son mercadería ni objeto, y por eso, también hacemos huelga de consumo. ¡Basta ya de ser utilizadas como reclamo!

Exigimos también la despatologización de nuestras vidas, nuestras emociones, nuestras circunstancias: la medicalización responde a intereses de grandes empresas, no a nuestra salud. ¡Basta de considerar nuestros procesos de vida como enfermedades!

La educación es la etapa principal en la que construimos nuestras identidades sexuales y de género y por ello las estudiantes, las maestras, la comunidad educativa y todo el movimiento feminista exigimos nuestro derecho a una educación pública, laica y feminista. Libre de valores heteropatriarcales desde los primeros tramos educativos, en los que las profesoras somos mayoría, hasta la universidad. Reivindicamos también nuestro derecho a una formación afectivo-sexual que nos enseñe en la diversidad, sin miedos, sin complejos, sin reducirnos a meros objetos y que no permita una sola agresión machista ni LGTBIfóbica en las aulas.

Exigimos un avance en la coeducación en todos los ámbitos y espacios de formación y una educación que no relegue nuestra historia a los márgenes de los libros de texto; y en la que  la perspectiva de género se transversal a todas las disciplinas. ¡No somos una excepción, somos una constante que ha sido callada!

¡VIVAN LA HUELGA DE CUIDADOS, DE CONSUMO, LABORAL Y EDUCATIVA!
¡VIVA LA HUELGA FEMINISTA!

Ninguna mujer es ilegal. Decimos ¡BASTA! al racismo y la exclusión. Gritamos bien alto: ¡No a las guerras y a la fabricación de material bélico! Las guerras son producto y extensión del patriarcado y del capitalismo para el control de los territorios y de las personas. La consecuencia directa de las guerras son millares de mujeres refugiadas por todo el mundo, mujeres que estamos siendo victimizadas, olvidadas y violentadas. Exigimos la acogida de todas las personas migradas, sea por el motivo que sea. ¡Somos mujeres libres en territorios libres!

Denunciamos los recortes presupuestarios en los sectores que más afectan a las mujeres: el sistema de salud, los servicios sociales y la educación.

Denunciamos la corrupción como un factor agravante de la crisis.

Denunciamos la justicia patriarcal que no nos considera sujetas de pleno derecho.

Denunciamos la grave represión y recortes de derechos que estamos sufriendo.

Exigimos plena igualdad de derechos y condiciones de vida, y la total aceptación de nuestra diversidad.

¡NOS QUEREMOS LIBRES, NOS QUEREMOS VIVAS, FEMINISTAS, COMBATIVAS Y REBELDES!
Hoy, la huelga feminista no se acaba
¡SEGUIREMOS HASTA CONSEGUIR EL MUNDO QUE QUEREMOS!


 

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