Ser mujer no debería ser un factor de riesgo

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Por Editorial junio 22, 2018  más artículos

 

Paremos un momento. Reflexionemos. ¿Sobre qué? Sobre todo. Sobre el mundo que nos rodea. El mundo en el que nacimos y morimos.

Te adelanto lo que vamos a encontrar: ser mujer es factor de riesgo

 

Empezamos con el nacimiento. Nacemos del vientre de nuestra madre (biológica). ¿Sabías por qué da a luz acostada, de forma horizontal? El primer cirujano partero introdujo esa forma fue para beneficio del obstetra. Esta posición produce más dolor a la mujer al momento de parir y dificulta su acción de dar a luz. Pero eso no es relevante en esta sociedad. 

Un estereotipo “ideal” de familia, en la actualidad, es ese en el cual, antes del nacimiento del hijo o la hija, la madre y padre están casados, comúnmente por la iglesia. La ceremonia consta de un novio parado en el altar esperando a la novia, quien es “entregada” por el padre (o padrino) al futuro esposo. Cual objeto, es pasada de un hombre al otro. La mujer entra de blanco. Simbolizando la pureza y virginidad. Porque así debe ser una mujer digna de casarse: pura y virgen. Hoy en día, no es común que una mujer llegue virgen al matrimonio, sin embargo, antes lo era y su marido debía ser quien le "quitara la virginidad". El símbolo del vestido blanco sigue estando vigente hoy en día así como la idea de “mujer pura”, de alguna forma, también. Esto que parece una tontería se ve reflejado en el insulto “puta” o “zorra”, como forma de denigrar a una mujer por hacer de su vida sexual lo que le plazca. Para el hombre no encontramos un equivalente, ya que es considerado un “ganador” si se acuesta con varias mujeres. 

Volviendo al orden cronológico de sucesos, pensemos en una familia que posee una casa. Mayormente, la mujer es quien se encarga de las tareas domésticas. Hay quienes lo niegan, diciendo “yo la ayudo un montón, hago todos los deberes que ella me pida”. Exacto, ahí está el problema. ¿Ella debe pedirlos y tú ayudarla a la tarea que en realidad te corresponde? ¿Es la mujer responsable de planchar, lavar, coser, cocinar, etc.? 

 

En la mayoría de los casos, la mujer también trabaja, aunque no fue siempre así. Logramos trabajar, pero nuestro sueldo es menor al del hombre si comparamos mismo puesto, igual tarea y misma empresa. Ni hablar de los trabajos en negro que son mayoritariamente realizados por mujeres, o en el hecho de que, por una cuestión cultural, la mujer se incline hacia las carreras o empleos de tipo humanísticos como psicólogas, sociólogas, docentes... Ya que, en la sociedad, se las coloca como “sentimentales”, mientras que el hombre, culturalmente, es quien está capacitado para, por ejemplo, dirigir albañiles en una obra en construcción siendo arquitecto, ingeniero... ¿Pensaste que era una cuestión biológica que en las carreras sociales la mayoría de estudiantes sean mujeres? La mujer está asociada con lo delicado y débil.

Pensemos en los disfraces de la infancia. Las niñas se disfrazan de princesas, ellas son quienes esperan a un príncipe que las rescate, porque la mujer por sí sola, no es capaz de salvarse, con zapatos de cristal y vestidos de armazón que no permiten siquiera que corran o se defiendan de un agresor. Mientras que los niños se disfrazan de superhéroes, asociados a la lucha o la violencia, la fuerza y el poder. 

Hay otros ejemplos, miles, como el hecho de que las mujeres salgamos con miedo de no volver o que nos griten y acosen por la calle al caminar. Que si somos violadas, nos pregunten qué teníamos puesto. O, si nuestro marido nos pega, nos pregunten qué hicimos para que nos hiciera eso. Buscando culpabilizarnos siempre.

Lo esencial es entender que cada acto machista, por más pequeño que parezca, termina en una mujer muerta. Las mujeres morimos por nuestro género, por todos los ejemplos machistas que nombré y por muchos otros, que nos hacen ver como el “género débil”.

Un violador o feminicida NO es un “enfermo”, NO es psicótico, NO está loco. Por el contrario, es el producto de esta sociedad patriarcal. Del mundo en el que vivimos. Por lo tanto, hay que cambiar este mundo para poder decir BASTA a los feminicidios, a las redes de trata de mujeres, a la violencia machista y a tantas y tantas injusticias.

¡Basta ya! Consigamos entre todas y todos un mundo feminista.

 

                                                                  Colaboradora: Priscila Abitbol (Argentina). Feminista, actriz, estudiante de psicología.

 

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