Jugadora de fútbol femenino: ‘Somos invisibles’

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Por Editorial noviembre 15, 2017  más artículos

 

Vivimos en un país, en un continente, y en un mundo en el que parece que el deporte que más afición y pasión despierta es el fútbol... a nivel masculino. Aunque hay lugares de la tierra en el que otros deportes encabezan los gustos de la población, como el béisbol y el fútbol americano en Estados Unidos, o el críquet en la India. Pero, sí hay un denominador común en todo el planeta: el deporte masculino es el más seguido, el más apoyado, el más valorado, el más visible.

 

De hecho, futbolísticamente, el cúlmen de dicho deporte son los Mundiales: masculinos se han celebrado 20, y solo 7 femeninos. El primer mundial masculino se celebró en 1930 y el primer mundial femenino de la FIFA en China en 1991.

 

Reflejo de la realidad de una sociedad patriarcal: a la mujer no solo se le recluía en casa alejada del conocimiento y el arte, de los estudios y el poder, también del deporte, siendo hoy en día un potente motor a todos los niveles. Si el fútbol en el presente es un ámbito que genera trabajo, dinero, emporedamiento, la mujer llega con retraso a esta oportunidad para también optar a los beneficios que genera. La evolución de la sociedad ha llevado al deporte en general, de ser una manifestación de cuidado físico y diversión, a ser un referente de posicionamiento social, cultural y económico, de ahí la importancia de que algo más de la mitad de la población mundial sea partícipe de este fenómeno, de que la mujer también logre su lugar y reconocimiento en las actividades deportivas y no sufra una discriminación más en los roles que es capaz de desempeñar.

 

Poniendo la lupa en los Mundiales de fútbol, podemos ver curiosos palmarés:

  • Mundiales femeninos: Las 7 ediciones se repartieron con 3 mundiales para Estados Unidos, 2 para Alemania, y 1 para Noruega y Japón.
  • Mundiales masculinos: De 20 ediciones celebradas, 5 las ganó Brasil, 4 Alemania e Italia, 2 Argentina y Uruguay, y finalmente 1 Francia, España e Inglaterra.

 

Resulta que en Estados Unidos el fútbol no ocupa el primer lugar entre los gustos de su población, pero es capaz de ser la selección dominadora en categoría femenina. Además, vemos la paradoja de que en el fútbol sudamericano y europeo dominan el fútbol masculino, pero en el femenino su potencial es limitado. Tal vez sea reflejo de sus sociedades, de donde es más imperante el machismo, tanto como que los países del norte de Europa son referentes en políticas sociales y observando la clasificación histórica de los mundiales femeninos, Alemania, Noruega y Suecia están entre las 4 primeras. Alemania es el único país que muestra potencial en ambas categorías, tal vez sea la famosa eficacia alemana y su capacidad de trabajo, proyectándola también en el ámbito femenino.

 

Y qué decir de España... El fútbol masculino lo domina todo. Ahora empieza a visibilizarse algo el femenino, pero los resultados en esta categoría son el reflejo de la nula voluntad de simplemente tratar a la Mujer en igualdad con el hombre: una sociedad que arrastra mentalidades que han educado en roles machistas: desde pequeñas, las niñas jugaban con las muñecas y los niños con el balón. Aunque cueste creerlo a día de hoy, generaciones han fomentado que el deporte fuera cosa de niños. Ahora toca revertir todo eso y dotar al deporte femenino de las estructuras, formación, nivel y aporte económico que tuvo el masculino. No se trata de dar más, que ya saldrá el listo de turno a quejarse, se trata de dar lo mismo: porque el fútbol masculino ha tenido un soporte institucional y el femenino no, eso es discriminación. Simplemente con que el deporte femenino reciba lo que en su día recibió el masculino, su potencial se incrementaría, y los resultados serían muchísimo mejores, cosa que nos debería alegrar a todas y todos. ¿O en pleno siglo XXI hay todavía quien rechaza igualdad y equidad?

 

El fútbol no es cosa de hombres, y sino, que se lo digan a Alemania, que se ha preocupado y ha trabajado desde la base con el fútbol femenino, siendo ejemplo de que los clichés machistas no llevan a nada, solo a ocultar y a restar el potencial de una gran parte de la población. En este caso hablamos de fútbol, de deporte, pero imaginad todo lo que se podría conseguir si las mujeres no estuviesen discriminadas en ningún ámbito ni de la sociedad ni de la vida.

Para dar testimonio de las luces y sombras del fútbol femenino en nuestro país, qué mejor que preguntar a una protagonista de esta lucha diaria por lograr que el fútbol femenino tenga el lugar que le corresponde y no sea tratado con desdén y en algunos casos, con desprecio. Entrevistamos a María, jugadora de un club de Segunda Regional, actualmente en puestos de ascenso con unos grandes números y buen juego:

 

  • ¿Desde cuándo te gusta el fútbol? ¿Nació de ti esa afición o te la inculcaron?

M: Bueno, la verdad es que llevo con un balón entre los pies desde bien pequeñita. No me inculcó nadie la afición por este deporte, fue por iniciativa propia, ya que vivía al lado de un descampado donde mis amigos siempre iban a jugar a fútbol.

 

  • ¿Has sufrido en el entorno familiar o con las amistades algún tipo de incomprensión?

M: En el entorno familiar o con las amistades he sufrido siempre los mismos prejuicios; desde que si era una chica y tenía que jugar con las muñecas, hasta el típico adjetivo de "machorra" por disfrutar practicando un deporte.

 

  • ¿Sufres algún tipo de discriminación por el hecho de jugar al fútbol y ser mujer?

M: Sí, actualmente no porque me rodeo de gente tolerante, pero sí que, en el instituto, los chicos que no me conocían me tenían como el bicho raro que juega a fútbol. Nunca te dejan jugar con ellos, y si lo hacen, la discriminación en la pista o campo es muy notable.

 

  • Durante los partidos, ¿escuchas insultos machistas? ¿Se hace algo para evitarlos y sancionarlos?

M: Tod@s sabemos que en los partidos la agresión verbal es, por desgracia, lo que más se escucha. El respeto brilla por su ausencia... Así que ya puedes imaginar los insultos que podemos llegar a recibir las chicas en el campo. Ya no solo a nivel de la afición, incluso también he llegado a escuchar testimonios de compañeras que dicen haber soportado insultos y discriminación por parte de los árbitros. Y, por desgracia, tanto en el masculino como en el femenino, no se hace nada por evitar estas agresiones verbales que afectan notablemente al rendimiento de l@s jugador@s.

 

  • Respecto al fútbol masculino, ¿ves mucha diferencia en algún aspecto o son similares?

M: Se nota la diferencia entre el tipo de juego masculino y el femenino, quizá por el nivel de exigencia y el tipo de experiencia que se vive en cada sector, pero en cuanto a nivel de calidad y espectáculo, ambos sexos podemos demostrar lo más bonito de este deporte.

 

  • ¿Cómo mejorarías el fútbol femenino?

M: Mejoraría el deporte en sí, por ejemplo, igualando los salarios en el nivel profesional. Tanto las mujeres como los hombres damos el máximo para poder rendir en este deporte. La fama va por igual, es verdad que no se conocen tanto a las jugadoras que a los jugadores de primera división, pero eso tan solo es problema del machismo, que no nos deja avanzar en este terreno. Con esto quiero decir que no se le presta la misma atención ni se valora por igual la calidad en el fútbol masculino que en el femenino. Aparte de lo económico, también está la manera de vender a las estrellas del fútbol... No me consta de ninguna futbolista que patrocine marcas deportivas al mismo nivel que, por ejemplo, Messi o Ronaldo.

 

  • ¿Algún referente para ti del fútbol femenino? ¿Y del masculino?

M: Una de las jugadoras que más me gusta es Alexia Putellas Segura, actual jugadora del FCB. En cuando a los hombres, me decanto por Messi. Ambas estrellas son un espectáculo para el fútbol, hay que verlos para enamorarse de este deporte.

 

  • Tu momento más feliz en este deporte.

M: Mi momento más feliz en el fútbol lo estoy viviendo actualmente. Tenemos muy buen equipo y hay mucho compañerismo. No solo entrenamos para dar el máximo en los partidos, sino también para pasar uno de los mejores momentos del día con las compañeras. Además, nuestra relación no se limita al campo de fútbol, siempre que podemos hacemos alguna escapada para cenar, siempre con nuestros entrenadores y todo el equipo.

 

  • ¿Algún momento que te hiciera pensar en dejarlo?

M: Sí que dejé el fútbol durante los dos años que cursé bachillerato, pero no llegué a terminar segundo cuando ya estaba volviendo a involucrarme en este deporte. La verdad es que, aunque dejé este deporte pensando que sería mejor para mi rendimiento académico, a día de hoy pienso que fue un error, ya que los momentos de entrenamiento son momentos de desconexión y bienestar, los cuales considero imprescindibles para una persona.

 

  • Un deseo o un sueño por cumplir.

M: Nunca he soñado con vivir del fútbol, de hecho, tengo otros planes, pero sí me gustaría seguir hasta que mi edad me lo permita. Aun así, cabe decir que me pongo metas y cada vez me exijo un poco más, ya no solo por mi bien, sino por el del equipo en general.

 

  • Una última reflexión sobre ser mujer y futbolista.

M: Hablo por mí y por todas las compañeras del ámbito futbolístico. No todas le darán la misma importancia, puede que ni vean la gravedad del asunto, pero estoy segura de que desde la primera hasta la última chica que practica este deporte ha tenido el mismo sentimiento. Primero, el de abandono; las gradas suelen estar vacías en todos los acontecimientos del fútbol femenino, aunque en el caso de los equipos de liga profesional se pueda apreciar mayor cantidad de gente pero, en ningún caso, podemos compararlo con la afición de los equipos masculinos. Segundo, el de apoyo; no se nos anima de la misma manera que a los hombres a dedicarnos profesionalmente a este deporte. Tercero, el de víctimas sexuales; si no hemos vivido la experiencia de acoso por parte de algún miembro del equipo directivo o de la federación, conocemos alguna experiencia de compañeras que, desgraciadamente, sí las han vivido, y ya sabemos que no hay que limitarse al acoso físico, sino al verbal también.

Todo esto sin entrar en más injusticias como, por ejemplo, la del salario de las jugadoras profesionales, la calidad del terreno de juego establecidas para cada sexo, los horarios de entrenamientos, la exigencia, la valoración, etc.

Realmente es una lástima que el talento que ofrecemos se desprecie, porque es tan valioso como el de cualquier otra persona y cualquier otro deporte. Pero ya conocemos el mundo al que nos enfrentamos, aunque eso no será suficiente para rendirnos y dejar de luchar por alcanzar nuestros sueños de igualdad.

 

  Entrevista realizada por David Vegan

 

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Fuente: mujereneldeporte.blogspot.com

Foto de portada: Fútbol en Tacones