Lo que he aprendido de este 8M

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Por Editorial marzo 11, 2018  más artículos

 

Cuando era pequeña, nadie me explicó lo que significaba el 8 de marzo. Pensaba que era un día para felicitar a mamá y decirle lo guapa que era. Recuerdo que en el colegio hacíamos alguna manualidad y que una vez nos contaron la historia de las obreras que fueron quemadas vivas en una fábrica por pedir derechos laborales. Recuerdo querer grabar esa fecha en mi cabeza porque, aunque no entendía bien qué estaba pasando, algo en el hecho de que se celebrara a la mujer me parecía importante. Supongo que me daba cuenta de algún modo de que ser mujer tenía connotaciones negativas, todos los días menos ese.

Según fui creciendo, fui aprendiendo otras cosas sobre el 8 de marzo: que las mujeres se manifestaban en la calle exigiendo igualdad, que no era un día feliz y festivo, sino reivindicativo. Fui aprendiendo que había -y hay- muchas mujeres enfadadas. Me surgieron entonces muchas dudas, y el feminismo acudió en mi ayuda.

Gracias al feminismo entendí que los asesinatos que salen cada día en la televisión, los piropos callejeros y el miedo al volver sola a casa de noche se debían, no a una casualidad cósmica indescifrable, sino a un sistema social, político, económico y estructural construido hace siglos para beneficio exclusivo de los hombres. La primera vez que oí hablar del patriarcado todo cobró sentido.

A partir de ese momento, cada vez quise saber más y más sobre este sistema que nos oprime y nos mata (¿cómo nos afecta? ¿Cuáles son sus formas?). Todo para conseguir responder a la pregunta más importante de todas: ¿cómo se combate?

Obviamente, no hay una respuesta sencilla para eso, pero el pasado jueves las mujeres demostramos que vamos a combatirlo. Manifestarse en las calles no consigue cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero sí lanza un mensaje: “estamos aquí, y estamos hartas”.

El pasado jueves aprendí más sobre el 8 de marzo y sobre el feminismo de lo que he aprendido en muchos años. Porque aprendí que, por muchos errores que sigamos cometiendo, nunca debemos perder la fe en la lucha de las mujeres. Somos más fuertes de lo que creemos, y cada vez somos más las que nos enfrentamos de cara al patriarcado. El 8 de marzo por fin nos vieron, por fin nos escucharon. Puede que no los grandes políticos, siempre pendientes de asuntos más importantes que nosotras, pero sí muchas otras mujeres que, como yo hace años, han empezado a hacerse preguntas; tal vez esas mujeres se unan al movimiento el año que viene. Y así, cada vez seremos más, y cada vez estaremos más hartas.

 

Queda mucho camino por recorrer pero, chicas, este 8 de marzo hemos demostrado que somos imparables

Colaboradora: Ana Pastor

 

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Foto de portada: 8M Madrid